Joel Hernández Santiago
Por estos días de Mundial de Futbol-26 hay lecciones que nos deja la Selección Mexicana, con todo y la pérdida fatal frente a Inglaterra: Entre otras cosas, los muchachos futbolistas, valerosos, vocados y capaces nos enseñaron que en esto del juego hay reglas establecidas, pactadas y que se aceptan y se tienen que cumplir.
De no hacerlo hay las sanciones, las tarjetas rojas o amarillas, los penales, las amonestaciones; reglas de comportamiento; reglas de respeto; reglas de saber ganar y saber perder en buena lid.
Por tanto, los jugadores lo saben y se ciñen a ese reglamento que de alguna manera es ley y, por tanto, queda claro que de dos partidos en pugna, uno tiene que ganar y el otro acepta y sabe perder. Los empates se arreglan con tiempos adicionales o tanda de penaltis.
Son reglas surgidas de la ética; la responsabilidad individual y pública; es la moral de la institución o federación deportiva y es parte de lo que le da fortaleza a este deporte para su preservación.
Y así como existen esas reglas para el deporte que nos hizo felices un buen rato, y nos dio confianza, seguridad y expectativas y certezas, así debiera ser en materia social y sobre todo en lo político y más aún, en lo electoral.
Por lo pronto México asume que perdió frente a Inglaterra con 3 goles en contra y 2 a favor. Y todos, incluso el público, lo aceptan. Es la capacidad de los equipos, pero sobre todo el respeto a sus reglas, de lo que surge la seguridad y la confianza.
No podríamos decir lo mismo por cómo se vislumbran las elecciones políticas de junio de 2027 en México. Unas elecciones antemano complicadas y nebulosas. Y esto no es por ausencia de instituciones responsables y cuidadosas de lo electoral, las que están ahí; que son –las de hoy- herederas de una larga lucha de los mexicanos por construir a nuestro país en modo democrático…
… Unas instituciones que surgieron de la desconfianza y de los malos manejos electorales de tal grado que se hizo necesario construir un Instituto Electoral y un Tribunal de lo mismo.
Se instituyeron para cuidar que las elecciones fueran lo más transparentes, democráticas y sin mácula… Como ocurría antaño.
Pero ya se sabe, a veces la historia se repite y aquellos que, como oposición, acusaban fraudes electorales, engañifas, abuso de recursos y de poder durante los procesos electorales y en las elecciones, hoy caen en el mismo modus operandi:
Establecen reglas a modo de tal forma que de vuelta surge la desconfianza, el posible fracaso electoral y la antidemocracia… ¿Es el factor humano simplemente? o ¿es la ambición política y la ruindad del poder mal ganado y mal entendido?
Para empezar hay un elemento que ha manchado los procesos electorales de un tiempo breve a esta fecha: la intromisión del crimen organizado para imponer en puestos de elección popular a sus operarios, afines a sus intereses y cargados de compromisos que traicionan al ciudadano.
Prueba de ello son, por lo menos, las tres elecciones anteriores:
De septiembre de 2019 al 11 de mayo de 2021 se reportaron 143 asesinatos de carácter político.
De los fallecidos, 26 eran candidatos o aspirantes a una candidatura, 59 eran funcionarios o exfuncionarios públicos, diez activistas políticos, cuatro dirigentes de partido, tres presidentes municipales y 41 tenían alguna otra vinculación con la política.
Según el monitoreo de “Data Cívica”, 130 personas aspirantes, precandidatas y candidatas fueron atacadas presuntamente por grupos del crimen organizado durante el pasado proceso electoral, entre el 7 de septiembre de 2023 y el 2 de junio de 2024.
De éstas, 34 fueron asesinadas, 40 sobrevivieron a atentados, 32 recibieron amenazas tangibles (en mantas, videos, u otras que provocaron la renuncia a la candidatura), 10 candidatas fueron secuestradas y en 14 ataques armados la persona candidata sobrevivió pero alguien más murió.
Las elecciones 2027 tienen un tinte nebuloso para los partidos de oposición, incluidos los dos que obtuvieron registro apenas, son el “Partido Paz” (de clarísima filiación Morenista) y “Somos México”, conformado por exdirigentes del PAN, PRD y PRI, exfuncionarios electorales y dirigentes de organizaciones sociales agrupadas en un movimiento conocido como “Marea Rosa”.
El gran problema es que hoy, tanto el Instituto Nacional Electoral (INE), presidido por la señora Guadalupe Taddei Zavala, como el Tribunal Electoral de la Federación (TEPJF), son organismos que han perdido la confianza de los electores mexicanos por su muy evidente filiación morenista.
Lo que queda demostrado con distintas decisiones que salvaguardan lo hecho por Morena en el terreno político-electoral, en contraposición con lo que acusan a partidos de oposición.
Proteger, salvaguardar y favorecer el fortalecimiento de Morena-4-T, parece ser su consigna y la orden recibida. El caso de “los acordeones” para la Reforma Judicial es un ejemplo.
Y no se trata de subrayar su filiación morenista, como tampoco se trata de que favorezca a otros partidos, si fuera el caso.
El tema es que son instituciones que se suponen autónomas de gobierno y con libertad y criterio y conocimiento para operar elecciones y los procesos electorales, el sistema de partidos y el fortalecimiento de la democracia. Si. Pero no.
Aquí no ocurre como en el futbol: las reglas y la ética y la moral política no se respetan. Y ahí está lo que podría ser la muerte de la democracia mexicana.

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