El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, imputado por soborno

En la lluviosa jornada en Israel, enormes nubarrones asoman este jueves sobre la residencia oficial del primer ministro Benjamin Netanyahu tras cumplirse su temor por partida doble: el fiscal general Avijai Mandelblit no sólo ha decidido llevarle a juicio -previa obligada audiencia- por soborno, fraude y abuso de confianza, sino que lo ha anunciado antes de las elecciones del 9 de abril.

Es la crónica de un terremoto anunciado que tiene como epicentro las controvertidas relaciones de Netanyahu con medios de comunicación (lograr cobertura favorable a cambio de favores) y amigos multimillonarios (recepción de caros regalos).

Netanyahu -que se declara inocente, denuncia una “persecución política” y acusa a la Fiscalía de “ceder a la presión de los medios y la izquierda”– puede evitar el banquillo de los acusados si convence a Mandelblit en la audiencia prevista en varios meses.

La ley israelí establece que el primer ministro debe dimitir sólo si es condenado, por lo que no tendrá impedimentos en ser el candidato del Likud en 40 días. La imputación, sin embargo, dificultaría las tareas de formación de su cuarto gobierno consecutivo. Mientras su partido denuncia un “intento de influir en las elecciones” y minimiza el cargo de soborno al no tratarse de dinero, la oposición le exige que dimita de forma inmediata y defienda su inocencia como ciudadano en los tres casos investigados y así no “manchar” un cargo tan importante como el que ocupa.

El hijo de un historiador hace historia al convertirse en el primer jefe de Gobierno imputado ya que su antecesor, Ehud Olmert, fue procesado un año después de su dimisión. Pasó 487 días entre rejas por corrupción. “Dimití porque pensé que el interés del Estado era más importante que mi supervivencia política”, afirma Olmert hoy al Canal 13 en un mensaje directo hacia su viejo rival.

Sin quererlo, Mandelblit lanza una bomba con efectos imprevisibles en la esfera política (cita electoral adelantada, formación de Gobierno, futuro a medio plazo del Likud) y personal (posibilidad de acabar en la cárcel). A sus 69 años y tras una década en el poder, Netanyahu se juega su futuro ante las urnas y luego quizá ante los tribunales.

Puros, champán e influencia en los medios

Tras estudiar numerosos mensajes de teléfonos, grabaciones de conversaciones, cifras, facturas de regalos y alrededor de 140 testimonios recogidos en tres años de investigación, Mandelblit presenta los cargos de abuso de confianza y fraude (“Caso 1000” y “Caso 2000”) y soborno (“Caso 4000”). Un durísimo alegato que podría haber sido peor para Netanyahu ya que la Policía y gran parte del equipo fiscal veían indicios de soborno en los tres expedientes.

En el “Caso 1000”, Netanyahu y su esposa Sara recibieron regalos valorados en más de 200.000 euros del magnate australiano James Packer y el productor de Hollywood, Arnon Milchan. A cambio de cajas de puros y champán proporcionadas de forma sistemática por sus dos amigos entre el 2007 y el 2016, intentó ayudarles en asuntos burocráticos y financieros. “Desde 1999, mantiene una relación que le coloca en un rotundo y contundente conflicto de intereses”, escribe Mandelblit.

El “Caso 4000” es el más grave y refleja una característica en los dos periodos de Netanyahu en la jefatura de Gobierno (1996 al1999 y del 2009 hasta la fecha): su relación de amor y odio con los medios y la obsesión de lograr una buena cobertura informativa bajo la eterna percepción de ser el blanco de los dardos de la prensa. Según concluye Mandelblit, este anhelo traspasó los límites de la legalidad al haber aprovechado su condición de premier y ministro de Comunicación para ayudar económicamente a la empresa de telecomunicación Bezek de su amigo Shaul Elovitch.

A cambio, Netanyahu recibió un seguimiento informativo favorable en la popular web de noticias del empresario. Walla pasó a ser muy generoso en fotos y palabras hacia Netanyahu y muy duro con sus rivales políticos. El entonces director general del medio, Ilan Yeshua, admitió la intervención de Netanyahu para influir en el contenido de Walla. Por ejemplo, sus portavoces dieron órdenes sobre cómo editar su entrevista o proporcionaron información para atacar a la esposa de su rival en la derecha, Naftali Bennett.

“Se sienta un precedente mundial al querer llevar a juicio a un primer ministro bajo la ridícula acusación de soborno por dos crónicas y media en Internet. No di nada a Elovitch ni tampoco recibí. El castillo de naipes se desplomará”, afirma Netanyahu señalando que las decisiones regulatorias que beneficiaron a Bezek fueron tomadas por el órgano profesional. Mandelblit no piensa lo mismo y le acusa de ocultar su relación con Elovitch y de abuso de poder.

La gran duda de Mandelblit giró en torno al “Caso 2000” basado en dos conversaciones grabadas entre Netanyahu y el dueño del poderoso grupo mediático del diario Yediot Ajaronot, Arnon Mozes. El dirigente le ofreció limitar la difusión de la competencia, el popular diario gratuito ‘Israel Hayom’ (propiedad de Sheldon Adelson) que le apoya de forma abierta. A cambio, Yediot debía cesar la cobertura negativa hacia Netanyahu, especialmente antes de los comicios del 2015. El hecho que el trato ofrecido en encuentros grabados a iniciativa de Netanyahu no se consumara no significa que no haya delito.

Las nubes comenzaron acercarse a su residencia en la calle Balfour de Jerusalén en el 2018 cuando tres de sus principales allegados (ex jefe de gabinete, Ari Harow, ex portavoz Nir Jefetz y ex director del Ministerio de Comunicación Shlomo Filber) aceptaron convertirse en testigos del Estado.

El futuro de Netanyahu y del Likud

¿El anuncio restará o sumará votos al Likud? Mientras unos creen que la alargada sombra de la corrupción alejará a muchos electores, otros pronostican una mayor movilización de los suyos en torno a la denuncia, electoralmente rentable, de que “persiguen injustamente a Bibi”. De momento, varios socios de su coalición derechista apoyan “su derecho a la inocencia”.

Netanyahu, que ha aclarado que no dimitirá, espera que todos los detalles de la acusación publicados no le pasen factura en las urnas ante su popular rival, el nuevo bloque centrista “Azul y Blanco”. De ahí que confiaba que Mandelblit no se adelantase a la cita electoral.

La presión sobre Mandelblit ha sido ingente. El Likud le acusa de “influir en las elecciones cediendo ante la izquierda, que no puede ganar a Netanyahu en las urnas”, mientras activistas de izquierda se manifestaron con frecuencia ante su casa para protestar contra su “lentitud en los casos y el trato descaradamente favorable hacia su ex jefe”.

Procedente de una familia identificada con el Likud, Mandelblit fue nombrado Secretario de Gobierno y posteriormente fiscal general por el propio Netanyahu. En su infancia, destacó en las categorías inferiores del Maccabi Tel Aviv, pero tuvo que renunciar a su sueño de ser futbolista para optar por la carrera de Derecho. Hoy es el árbitro que puede decidir algo más que el duelo electoral de Israel.

Reacciones

Al caer la noche, Netanyahu ha aparecido ante las cámaras para prometer que desbaratará todas las acusaciones en la audiencia y criticar a los medios y fiscales. Tras recordar los elogios recibidos hoy por Trump y Putin, ha denunciado: “Israel ha tenido su mejor década en política exterior, económica, seguridad. La izquierda sabe que no puede ganarnos y por eso realiza una caza de brujas sin precedentes para subir al poder a Gantz y Lapid. No sólo cosen trajes, sino también casos contra mí. Han ejercido una presión inhumana sobre el fiscal general”.

“Estoy dispuesto a serviros como primer ministro durante muchos años. No depende de los comentaristas de televisión sino de vosotros, los ciudadanos”, ha concluido.

Posteriormente, Gantz ha expresado que “es un día doloroso para Israel y sus ciudadanos. Yo no me alegro como rival político”. “Israel no puede tener un primer ministro a media jornada dedicado a sus cuestiones judiciales y los asuntos de Estado. En lugar del bien del Estado, Netanyahu, has optado por tu bien”, ha dicho el ex general que ha pedido su dimisón. Por primera vez desde que entró en la política hace dos meses, el líder centrista ha descartado, “dadas las circunstancias”, estar en un Gobierno con él.

con información de el mundo

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