Al incumplir la abrogación de las leyes punitivas del ISSSTE y Educativa, la  4T compró la soga con la que la CNTE la ahorcará al sabotear el Mundial

DETRÁS DE LA NOTICIA

Alfredo MARTÍNEZ DE AGUILAR

 

* El politburó visible y clandestino de la CNTE se convenció de que perversamente Andrés Manuel López Obrador los engañó para usar sus votos y llegar a la presidencia. Hoy, el efecto bumerang dinamita al gobierno de Claudia Sheinbaum.

* El conflicto magisterial se encuentra atrapado en una lógica de suma cero. Ceder a las demandas magisteriales generaría un enorme impacto financiero y político; negarse a hacerlo mantiene viva una confrontación que escalará al Mundial.

 

El radicalizado conflicto magisterial se encuentra entrampado en un callejón sin salida. Al incumplir su promesa de abrogar las leyes consideradas punitivas del ISSSTE de 2007 con Calderón y la Reforma Educativa de 2019 con Peña la 4T compró la soga con la que la CNTE la ahorcará al sabotear el Mundial en unos días más.

 

Finalmente, el politburó visible y clandestino de la CNTE confirmó y se convenció de que hábil y perversamente Andrés Manuel López Obrador les jugó el dedo en la boca y los engañó para usar sus votos y llegar a la presidencia. Hoy, el efecto bumerang dinamita al gobierno de Claudia Sheinbaum. 

 

El conflicto magisterial que mantiene en vilo a diversas regiones del país parece haber ingresado a una etapa de estancamiento político y operativo de difícil solución. A medida que transcurren los días, las posiciones entre el gobierno federal y los sectores más radicales del magisterio se endurecen, configurando un auténtico callejón sin salida en el que ninguna de las partes parece dispuesta a ceder en sus planteamientos fundamentales.

 

La exigencia central de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) continúa siendo la abrogación total de la reforma al sistema de pensiones y el retorno a esquemas jubilatorios previos, demandas que implican un enorme impacto presupuestal para las finanzas públicas nacionales. Frente a ello, el gobierno federal ha reiterado que existen límites económicos y jurídicos que impiden acceder plenamente a dichas peticiones sin comprometer la estabilidad financiera del Estado mexicano.

 

La consecuencia inmediata de este impasse es la prolongación de movilizaciones, bloqueos carreteros, plantones y protestas que afectan no solamente a las autoridades, sino también a millones de ciudadanos que ven restringidos sus derechos al libre tránsito, al trabajo, al comercio y a la educación. La paradoja democrática vuelve a manifestarse con crudeza: mientras un sector ejerce legítimamente su derecho a la protesta, otro sector de la sociedad resulta afectado en el ejercicio de sus propias libertades constitucionales.

 

En este contexto, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo enfrenta uno de los primeros grandes desafíos de gobernabilidad de su administración. Ceder completamente ante las demandas magisteriales podría generar un precedente de enorme impacto financiero y político; negarse a hacerlo, por otra parte, mantiene viva una confrontación que amenaza con escalar en diversas entidades del país.

 

La situación adquiere una dimensión adicional debido a la agenda legislativa nacional. Diversos analistas consideran que mientras persista la presión magisterial será prácticamente imposible impulsar nuevas reformas de gran calado político. Ningún gobierno busca abrir simultáneamente múltiples frentes de conflicto cuando enfrenta una movilización social de alcance nacional capaz de paralizar vías de comunicación estratégicas y generar costos políticos crecientes.

 

Por ello, comienza a consolidarse la percepción de que, al menos en el corto plazo, no habrá reformas pendientes que puedan avanzar con normalidad en el Congreso. La prioridad gubernamental parece concentrarse en contener el conflicto, preservar la estabilidad política y evitar que las protestas deriven en escenarios de mayor confrontación social.

 

Sin embargo, la ausencia de reformas también tiene costos. México enfrenta desafíos estructurales en materia de seguridad, justicia, salud, educación, infraestructura y crecimiento económico que requieren ajustes normativos y consensos políticos. Cuando la agenda pública queda secuestrada por un conflicto específico, otras necesidades igualmente urgentes corren el riesgo de quedar relegadas.

 

El verdadero problema es que ninguna de las partes parece disponer de una salida políticamente viable. El magisterio movilizado difícilmente puede regresar a las aulas sin obtener conquistas significativas que justifiquen meses de presión social. El gobierno, por su parte, tampoco puede aceptar demandas cuyo costo financiero comprometa la sostenibilidad presupuestaria de largo plazo.

 

Así, el conflicto magisterial se encuentra atrapado en una lógica de suma cero donde cada concesión representa una derrota para alguno de los actores involucrados. Mientras no surja una propuesta intermedia capaz de ofrecer beneficios graduales, mecanismos de transición o soluciones financieramente sostenibles, el país continuará observando una confrontación que amenaza con prolongarse indefinidamente.

 

La gran interrogante es quién asumirá el costo político del desenlace. Porque cuando un conflicto social entra en punto muerto, el tiempo deja de ser un aliado y se convierte en el principal adversario de todos los involucrados. México enfrenta hoy precisamente ese escenario: un conflicto magisterial entrampado, una agenda gubernamental condicionada y un país que espera respuestas antes de que la polarización sustituya al diálogo como único mecanismo de solución.

 

alfredo_daguilar@hotmail.com

director@revista-mujeres.com

@efektoaguila

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