Terror de mujeres agredidas a denunciar, mayor obstáculo para combatir violencia contra mujeres; aumentan los feminicidios

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Alfredo MARTÍNEZ DE AGUILAR

* Las razones son muy variadas y van desde graves carencias emocionales provenientes de abusos sexuales durante la infancia, incluso, por sus propios padres o abuelos, maltrato infantil por el rechazo al género, dado que los padres deseaban un hijo varón y no una hija mujer.

* Miedo a la sombra del abandono del padre en sus parejas y a quedarse sin casa donde vivir y sustento, y a que sus hijos se queden sin la figura paterna, como resultado de sus demonios interiores derivados de la inseguridad y falta de autoestima por su pasado familiar.

 

El desmesurado aumento de feminicidios en el país y, consecuentemente, en Oaxaca, es fiel reflejo del escalamiento de la creciente espiral en la cada vez mayor brutal violencia contra las mujeres en la Ciudad de México, en Morelos contra la estudiante española o en Culiacán y Escuinapa, Sinaloa.  

 

A pesar de que 11 mujeres son asesinadas cada día en México y que en Morelos han sido asesinadas cuatro estudiantes de la UAEM en siete meses los feminicidios fueron visibilizados hasta el asesinato de Claudia Tacoronte Aguilera, estudiante española asesinada el pasado sábado.

 

La violencia contra las mujeres no es un hecho aislado. Se trata de una cadena de actos de intimidación, agresión y control que se conectan y repiten a lo largo de la vida de las mujeres. Atraviesa distintas esferas como el hogar, el trabajo, la calle, las instituciones y los espacios digitales.

 

Es cualquier acción u omisión basada en el género que causa daño o sufrimiento físico, psicológico, sexual, económico o patrimonial, e incluso la muerte en el ámbito público como privado. Incluye formas sutiles de discriminación y violencia psicológica, agresiones físicas, sexuales y formas extremas como el feminicidio.

 

No obstante, la alarmante magnitud y dimensión de este grave problema de seguridad y de derechos humanos que requiere la intervención inmediata del Estado, el mayor obstáculo para combatir la violencia contra las mujeres es el terror de las agredidas a denunciar a sus agresores. 

 

Las razones son muy variadas y van desde graves carencias emocionales provenientes de abusos sexuales durante la infancia, incluso, por sus propios padres o abuelos, maltrato infantil por el rechazo al género, dado que los padres deseaban un hijo varón y no una hija mujer.

 

Miedo a la sombra del abandono del padre en sus parejas, a quedarse sin casa donde vivir y sustento, a pesar de ser profesionales independientes en muchos casos, y como pretexto para que sus hijos no se queden sin la figura paterna, como resultado de sus demonios interiores por inseguridad y falta de autoestima, por su pasado familiar.

 

Una razón no menos poderosa es la codependencia, traducida en casos extremos en el Síndrome de Estocolmo, al desarrollar un vínculo afectivo que termina amando mal entendidamente a su agresor, sintiendo simpatía o complicidad hacia este por los prolongados abusos por años. 

 

Estos delitos se persiguen de oficio, pero poco o nada pueden hacer las autoridades policíacas preventivas, ministeriales y judiciales, al carecer de las formalidades establecidas por los procedimientos jurídico-legales, agravado por su cómplice inacción que provoca impunidad.

 

alfredo_daguilar@hotmail.com

director@revista-mujeres.com

@efektoaguila

 

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