Niñez en peligro ¿Con los niños no?

 

Joel Hernández Santiago

 

Me lo relata un buen abogado oaxaqueño; uno que defiende a los pueblos indígenas de la depredación y el abuso en comunidades aisladas del estado de Oaxaca, en donde están en peligro sus costumbres y usos y etnohistoria. Ahí la situación es grave y hoy, más que nunca, extrema. 

 

No hace mucho –me relata el abogado— a un pueblo zapoteco de la Sierra Norte de Oaxaca, llegó un grupo de individuos desconocidos que cooptaron a cuatro niños de la escuela secundaria, de 12 a 14 años. Al salir de la escuela, con engaños, atrajeron su atención y les dijeron que si querían ganar unos centavos para llevar a su casa o para comprar lo que quisieran les iban a apoyar… 

 

Con ese engaño y con suavidad propia de una inocencia inexistente, los adultos les dijeron que lo único que tenían que hacer era llevar, cada uno, una mochila al otro lado del cerro del pueblo; que las llevaran y que a cambio les darían a cada uno cinco mil pesos. 

 

Los niños, cuya pobreza es evidente, me dice el abogado, encandilados por la sola posibilidad de tener esa gran cantidad de dinero y sin preguntar más dijeron que sí. A esto, los delincuentes les indicaron a dónde tenían que llegar y a quien tenían que entregar las mochilas selladas –sin decirles su contenido–. Y así lo hicieron los cuatro menores que, juguetones, fueron a hacer “el mandado”.  

 

Días antes, a denuncia de habitantes, la Guardia Nacional patrulló la zona para vigilar por asuntos de narcotráfico y crimen organizado en la zona. 

 

Los niños subieron a pie al cerro. Lo conocen bien porque está en su pueblo y es su lugar de trabajo y paseo. Llegaron al punto que les dijeron, entregaron las mochilas y recibieron el dinero. 

 

Poco después, los niños, a los que habían vigilado por haber levantado sospechas, fueron detenidos por la Guardia Nacional. Ellos dijeron que sí, que habían ido con las mochilas, pero que no sabían su contenido, apenas que les iban a pagar por ello. Fueron llevados en calidad de “delincuentes menores” ante la autoridad municipal en donde fueron encerrados para la investigación correspondiente. Los delincuentes adultos, conocedores de sus actividades escaparon. 

 

La autoridad municipal llamó a las instancias regionales para investigar a los niños y a sus familias. Decidieron que los menores debían ser trasladados a la capital del estado y, luego, a la capital del país, por presuntamente ser parte una actividad catalogada como delito grave. 

 

Cada vez más se sabe de la captación de menores de edad para realizar trabajos de narcotráfico. Son adultos delincuentes los que buscan a los menores para actividades en la que ellos se exponen y llaman la atención, en tanto que los niños pasan desapercibidos y en caso de ser detenidos y declarados culpables recibirán una pena menor dada su edad, según las leyes mexicanas…

 

Asimismo, se sabe que niños de apenas unos cuantos años son habilitados como “sicarios”. Todavía se recuerdan dos casos emblemáticos de esta actividad infantil inducida:

 

El 12 de octubre de 2025, un menor conocido como «El Niño Sicario» o «El Niño Piedra» fue detenido por la policía. Fue capturado en Villahermosa, Tabasco. Se le señaló como presunto “líder” de una célula criminal implicada en secuestros, homicidios y extorsión. Al momento de su arresto –dice el informe oficial–, intentó atacar a policías con una subametralladora.

 

Otro niño, presuntamente sicario y referenciado históricamente fue el menor conocido como «El Ponchis», detenido a los 14 años en Morelos, en 2010. 

 

En algunos casos, algunos niños podrían hacerlo por su propia voluntad y deseo: El factor humano.

 

Los niños que caen en delincuencia son atraídos por adultos involucrados en actividades criminales, inducidos para actuar de forma extrema, haciéndoles creer que con esto se convierten en “héroes sin miedo a nada”. 

 

En general son niños en extrema pobreza -de lo que se aprovechan los maloras–; niños que en su inocencia son llevados a conducirse en tareas extremas e ilegales con necesidades económicas extremas, por ignorancia de sus padres, por falta de una educación sustentada en valores sociales… 

 

Apenas el diez de mayo, en el marco del Día de las Madres, la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) advirtió en un informe sobre el reclutamiento de menores: “México registra 18 mil niños y adolescentes desaparecidos”. Nueve mil 342 niñas y adolescentes mujeres y 8 mil 817 niños y adolescentes hombres. 

 

Esto -dice el informe– sobre la Situación de Derechos Humanos en México, en medio del reclutamiento forzado para integrarlos a estructuras criminales.

 

Y documenta testimonios de colectivos y sobrevivientes que relataron cómo adolescentes de apenas 13 y 14 años son captados, secuestrados o enganchados por grupos criminales en distintos estados del país, “para ser convertidos en combatientes, halcones, mensajeros o sicarios”. 

El informe sostiene que la niñez y la adolescencia se han convertido en uno de los sectores más vulnerables frente al crimen organizado, particularmente en regiones donde las organizaciones criminales ejercen control territorial y aprovechan la pobreza, la violencia familiar, la falta de oportunidades y la ausencia institucional, para reclutar a menores.

Algunos de estos menores aseguraron haber sido utilizados para preparar droga, trasladar mensajes o participar en enfrentamientos armados.

La tragedia recorre México. La violencia y la inseguridad. Este fenómeno que parece no tener fin, no encuentra soluciones en políticas de gobierno para la seguridad de los niños y mucho menos hay planes de desarrollo para eliminar la pobreza extrema, origen del problema infantil. 

Al ser detenidos los cuatro niños de la sierra norte oaxaqueña, inocentes preguntaron a la autoridad que qué hacían con el dinero que les entregaron por llevar las mochilas, que a quién lo tendrían que entregar.

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