Ni México ni Estados Unidos saben cómo atacar la migración: AMLO promocionando programas, Biden… la dignidad

Durante muchos años México pugnó por “desnarcotizar” la agenda bilateral con los Estados Unidos. A partir del asesinato del agente Kiki Camarena, Washington no tuvo otro interés, especialmente durante el gobierno de Reagan, sino someter a México con el pretexto del narcotráfico.

La vieja historia del trampolín y la alberca, tiñó durante años todo el espectro de nuestra dependencia.

Sus esfuerzos por arrinconar a México en ese monotema llegaron hasta el extremo de respaldar —rápido y furioso—, la política de confrontación con los delincuentes, emprendida por el ejército al mando de Felipe Calderón, con armas y pertrechos militares al amparo de la “Iniciativa Mérida”, una especie de Plan Colombia en menores proporciones.

Cuando la orientación de los gobiernos estadunidenses cambió, la migración, un tema permanente y sin solución posible, ni entonces ni ahora, se advirtió el tema central. Y así lo ha confirmado el presidente López Obrador en la preparación del cercano encuentro con Joe Biden quien entre sus méritos mayores presenta la desorientación. El gobierno estadunidense tampoco sabe cómo hacer para controlar la migración.

México no ha respondido con soluciones, ha respondido con promociones. Su idea de exportar los programas de jóvenes constructores del futuro y sembradores de vida, son simplezas sin oportunidad real. Nada resuelven, pero visten una idea peregrina: arraigar a la gente en sus lugares de origen para no empujarlos a migrar.

Y para eso se recurre al eterno canto de la pobreza: pedirles dinero a los estadunidenses. Inviertan para que dejemos de ser pobres. Otro fracaso, otro ridículo.

Pero la migración hoy, a pesar de sus condiciones antropológicas, es algo más: es una rama poderosa del crimen oiganizado transnacional. Mientras no se le considere un delito tan grave como el narcotráfico o el armamentismo comercial, no habrá solución posible.

Pero el delito no lo cometen quienes migran o emigran. El delito lo cometen quienes han industrializado, por todo el continente, el transporte y contrabando de personas.

Ese es un crimen de lesa humanidad.

No se debe combatir al emigrante ni al caminante desesperado; se debe combatir, y fuerte, a los polleros y similares.

Y esa realidad tristemente se ha visto en la muerte horrenda de los hombres y mujeres hacinados en la caja de un trailer en la vecindad de San Antonio, Texas.

Así pues si los presidentes de México y Estados Unidos van a salir con el rollo eterno de los derechos, la dignidad, las remesas, la valentía de los emigrantes y todo ese enorme etc, la reunión no servirá para nada.

Si no se le declara una guerra binacional a la abominable industria de la trata, del contrabando de personas y todo lo relacionado con esta infamia casi esclavista, de nada servirán sus interminables discursos cuya verdadera finalidad ni es humana sino electoral.

VÍA | TELÉFONO ROJO

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