La ONU celebra la reapertura del estrecho de Ormuz

El Secretario General ha acogido con satisfacción el anuncio realizado el viernes por Irán, según el cual el estrecho de Ormuz está totalmente abierto a todos los buques mercantes durante el tiempo que reste del alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, que entró en vigor el 8 de abril por un periodo de dos semanas.

António Guterres «considera que se trata de un paso en la dirección correcta. La posición de las Naciones Unidas sigue siendo clara: exigimos el restablecimiento íntegro de los derechos y libertades de la navegación internacional en el estrecho de Ormuz, que deben ser respetados por todas las partes», declaró su portavoz en una nota de prensa.

Añadió que Guterres seguía «apoyando plenamente los esfuerzos diplomáticos destinados a encontrar una solución pacífica al actual conflicto en Oriente Medio». «También espera que esta medida, junto con el alto el fuego, contribuya a fomentar la confianza entre las partes y a reforzar el diálogo en curso, facilitado por Pakistán», afirmó.

Alto el fuego entre el Líbano e Israel

Por otro lado, el Secretario General de la ONU ha acogido con satisfacción el anuncio de un alto el fuego de diez días entre Israel y el Líbano.

Guterres «reafirma el apoyo de las Naciones Unidas a todos los esfuerzos destinados a poner fin a las hostilidades y a aliviar el sufrimiento de las comunidades a ambos lados de la Línea Azul» (que separa el Líbano e Israel), dijo su portavoz, Stéphane Dujarric, en una declaración a la prensa publicada el jueves por la noche.

«El Secretario General espera que este alto el fuego allane el camino para las negociaciones y la plena aplicación de la resolución 1701 (2006) del Consejo de Seguridad, con vistas a una solución a largo plazo del conflicto», que enfrenta a Israel y al movimiento proiraní Hezbolá.

El jefe de la ONU «insta a todas las partes a respetar plenamente el alto el fuego y a cumplir con sus obligaciones en virtud del derecho internacional, incluido el derecho internacional humanitario, en todas las circunstancias» y espera que «este acuerdo contribuya a los esfuerzos en curso en favor de una paz duradera y global en la región».

El viernes, durante una rueda de prensa, Dujarric precisó que la coordinadora especial de la ONU para el Líbano, Jeanine Hennis-Plasschaert, proseguía su misión de buenos oficios ante todas las partes implicadas con el fin de ayudarles a aplicar plenamente la resolución 1701 con vistas a un alto el fuego permanente.

Semanas de combates

El alto el fuego entró en vigor a medianoche, hora de Beirut, lo que supuso un respiro en las hostilidades tras semanas de combates. 

El viernes, sobre el terreno, las organizaciones humanitarias informaron de que algunas familias desplazadas habían comenzado a regresar a los suburbios del sur de Beirut, así como al sur del Líbano, incluidas algunas zonas de las provincias de Nabatieh y Tiro.

«Según nuestros socios y las autoridades locales, se ha observado a miles de personas dirigiéndose hacia el sur a primera hora de esta mañana; las principales carreteras estaban congestionadas, especialmente cerca de las localidades de Qasmiyeh y Zefta, en el sur del Líbano, a pesar de los considerables daños sufridos por los puentes y las infraestructuras civiles», declaró el portavoz del Secretario General.

«No obstante, nuestros colegas humanitarios advierten de que persisten los riesgos para la seguridad de las personas, en particular debido a la presencia de municiones sin explotar en numerosas zonas residenciales de las provincias del Sur y de Nabatieh», añadió.

Las necesidades humanitarias siguen siendo elevadas en el Líbano. En todo el país, la población civil sigue enfrentándose a desplazamientos, al deterioro de las infraestructuras y a un acceso limitado a los servicios esenciales. Aproximadamente 1,2 millones de personas se han visto desplazadas durante la reciente escalada del conflicto.

Los sistemas de salud están bajo presión en toda la región. Las agencias de la ONU alertan sobre la persistencia de riesgos sanitarios en todo Oriente Medio, señalando interrupciones en los servicios, escasez de suministros y una vulnerabilidad persistente entre las poblaciones desplazadas.

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