Joel Hernández Santiago
En 1972 apareció en México la traducción de un libro de 1966. Es en realidad una compilación de ensayos de intelectuales tanto mexicanos como estadounidenses a los que el historiador Stanley R. Ross denominó “¿Ha muerto la Revolución Mexicana?”. Paradójicamente fue publicado por la Secretaría de Educación Pública en su colección SepSetentas.
Es un libro muy crítico sobre la vigencia o no, entonces, de la Revolución Mexicana. En momentos en los que el régimen se ostentaba como heredero de los principios políticos y sociales que surgieron de la confrontación iniciada en 1910.
El libro es un luminoso debate y un balance crítico sobre la vigencia de los ideales revolucionarios, contrastando la retórica oficialista de entonces con la realidad socioeconómica del país.
Sus propuestas principales giran en torno a ejes: Mostraba un evidente contraste entre el famoso “Milagro Mexicano” y la desigualdad social. Esto, a pesar de que México vivía una época de gran crecimiento económico y aparente estabilidad, el libro expone las profundas brechas sociales.
Se cuestiona cómo un régimen emanado de una revolución eminentemente social e integradora seguía manteniendo niveles tan alarmantes de desigualdad y pobreza.
Se pone sobre la mesa si los objetivos fundacionales de la Revolución —como la justicia social, la reforma agraria profunda y la verdadera democracia— seguían siendo el motor del Estado o si se habían transformado en un simple discurso institucional vacío (demagogia) utilizado para legitimar al partido en el poder (el Partido Revolucionario Institucional -PRI-).
Integran este compendio de ideas un grupo muy nutrido de intelectuales, políticos y críticos (tanto de izquierda como de derecha y liberales, tales como Luis Cabrera, Daniel Cosío Villegas, Jesús Silva Herzog, Leopoldo Zea…).
El libro entrelaza estas agudas visiones críticas con los propios discursos oficiales de los presidentes en turno, forzando al lector a evaluar si el proceso revolucionario estaba en crisis institucional, si había entrado en su «epílogo» o si requería una transformación urgente.
En suma, el libro propone que, si bien las estructuras institucionales del México de fines del siglo XX nacieron de la gesta de 1910, la Revolución Mexicana enfrentaba una profunda crisis de legitimidad y desarrollo debido a que sus promesas de bienestar y democracia real continuaban estando inconclusas para la mayoría de la población.
A 116 años, la Revolución Mexicana es una fecha que está a punto de olvido si se ve la manera escueta como la recuerda el actual régimen que se apropió, ya, de lo que considera la reivindicación de las luchas sociales, de la transformación única y verdadera, a pesar de que, reconoce otros momentos históricos como parte del proceso de transformación mexicana:
1.- La Independencia mexicana (1810–1821) El movimiento armado iniciado por Miguel Hidalgo y Costilla para liberarse del dominio español y constituir una nación soberana; 2.- La Reforma (1855–1863) El periodo liderado por Benito Juárez que consolidó la separación de la Iglesia y el Estado, promulgando las Leyes de Reforma para hacer laicas a las instituciones del país y
3.- La Revolución (1910–1917): El levantamiento popular contra el gobierno de Porfirio Díaz, impulsado por figuras como Francisco I. Madero, Emiliano Zapata y Pancho Villa, que culminó con la promulgación de la Constitución de 1917 y el reconocimiento de derechos sociales.
Como se ve, cada uno de estos movimientos tenía un alcance y una meta específicas: Independencia, Reforma, Revolución. Y cada uno de los pasos dados en esos poco más de cien años construyó los andamios de lo que habría de ser México al transcurso del tiempo y a pesar de los espejos de discordias en los que se ha visto envuelto desde sus orígenes mexicanos.
El caso es que en un momento de efervescencia retórica el ex presidente Andrés Manuel López Obrador, decidió ubicar en el proceso histórico del país al régimen surgido de las elecciones de 2018, apenas cuando él llega a la presidencia del país; este momento como el inicio de la Cuarta Transformación mexicana que hoy dice conducir el actual régimen.
Así, de pronto, sin concretar procesos históricos, sociales, sin debates ideológicos, sin voluntad popular, busca abrirse paso en la historia mexicana como parte de las luchas, los avatares y los logros de los procesos sociales mexicanos. Sin más ni más…
A su presentación se dijo que esta 4-T acabaría con la corrupción, que separaría el poder económico del poder político y habría de priorizar el desarrollo de las clases sociales menos favorecidas bajo el lema «por el bien de todos, primero los pobres»…
Muy lejos de pasar a la historia como una Transformación, lo que vivimos hoy mismo es un régimen contradictorio, agresivo, ostentosamente único, antidemocrático y enemigo de la crítica constructiva y ferozmente democrática.
¿En qué punto estamos de esta 4-T? ¿Se acabó ya la corrupción? ¿Se ha separado el poder económico del poder político a la vista de la riqueza de unos, sobre todo políticos emanados de la 4-T y el empobrecimiento de millones?
¿Se acabó ya la pobreza en México, con la pobreza extrema o se le dan paliativos y preferentemente se les mantiene pobres porque resultan en votos y ganancia electoral?
Y así como Stanley Ross, en 1966-1972 hizo la evaluación de aquel régimen emanado de la Revolución Mexicana ¿no será conveniente analizar, ya, si ¿Ha muerto la 4-T? ¿O en qué punto está? ¿Y cuál es -si la hay- su meta a corto, mediano y largo plazo? ¿Quién lo sabe? ¿Usted lo sabe?

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