En defensa de la soberanía… ¿amenazada?

 

Joel Hernández Santiago

 

El informe-discurso que presentó la presidente de México, Claudia Sheinbaum el 31 de mayo en la Plaza de la República, no es el más importante de su gobierno, pero sí el más contundente. 

 

Ese día pintó su raya y marcó la línea defensiva que seguirá su gobierno frente a lo que llama “amenazas de la derecha internacional y nacional” y en contra de “las oficinas de EUA que acusan a mexicanos sin ninguna prueba pública” y ‘con el ánimo de influir en las elecciones de 2027’, dijo. 

 

Y agregó que “su gobierno vive una campaña mediática que intenta descarrilar el Movimiento de Reconstrucción Nacional”, una lucha que dará para despejar este entramado adverso a su gestión. 

 

En realidad todo era previsible en lo que dijo y hace la presidente de México. De un tiempo a esta parte en sus ‘Mañaneras’ ha minimizado el informe diario de avances económicos (si los hay), en materia de educación, de salud, de desarrollo, de empleo, de inversión… tanto más, para centrarse en la defensa de su gobierno y lo que su gobierno defiende… 

 

Y su gobierno defiende, con todo su ímpetu, a quienes han sido señalados por el gobierno de Estados Unidos como parte de un entramado de políticos mexicanos vinculados con el narcotráfico. 

 

La presidenta ha dedicado horas-horas-horas en la defensa de estos diez mexicanos quienes, por sí mismos, no se han defendido, no han demostrado su inocencia y apenas balbucean palabras incomprensibles. Son unos cuantos mexicanos que han puesto en jaque a toda la República y que ponen en peligro a todo el país. Los mismos que están agazapados en algún lugar de México.

 

Y cuando desde Palacio Nacional se exigían pruebas-pruebas-pruebas de las acusaciones, dos de los señalados se entregaron por su propia voluntad a la autoridad judicial de los Estados Unidos, lo que rompió el discurso de exigir pruebas para incrementar el de la defensa de la soberanía, el mismo alegato que ha utilizado desde que Donald J. Trump, el presidente de EUA enemigo de México, llegó al poder el 20 de enero de 2025.  

 

Sin embargo, la soberanía que defiende el gobierno federal mexicano no parece ser la del país, no parece ser la de la integridad territorial o política o social o histórica, no. La soberanía que defiende Palacio Nacional se refiere a los imputados en asuntos de narcotráfico. 

 

Y por lo mismo se niega a extraditar a los 8 restantes, sobre todo a Rubén Rocha Moya, ex gobernador de Sinaloa y al senador Enrique Inzunza, y a todos quienes aquí mismo, en México no se ha investigado con todas las de la ley; apenas una “invitación” para acudir a la Fiscalía para contestar algunas preguntas y que no se diga que no los tienen a la vista. 

 

Pero eso: el informe-discurso de poco menos de una hora, la presidente mexicana desgranó los logros que dice haber conseguido durante su gestión en favor de los mexicanos: mejores salarios,  salud digna y con medicamentos suficientes, seguridad creciente, educación basada en becas, economía boyante y segura, empleo y solaz… tanto más que la enorgullece y que –dice ella- garantiza que su gobierno está trabajando por los mexicanos. 

 

Pero sobre todo dedicó más de la mitad de su informe-discurso, a denostar a sus adversarios políticos. Digamos que esta era la razón intrínseca de esta comparecencia pública. 

 

Habló de Vicente Fox y de Felipe Calderón y les leyó su negro pasado, luego de que estos salieran en Chihuahua a defender a la gobernadora panista Maru Campos quien acusa persecución política. 

 

Pero sobre todo dedicó 19 minutos para acusar a ‘oficinas del gobierno de Estados Unidos’ de atentar contra la soberanía mexicana al pedir la extradición de los diez mencionados como Narcopolíticos. ¿Acaso la soberanía radica en estos diez personajes mexicanos?

 

Y uno se pregunta si realmente está defendiendo a estos diez-menos-dos, o lo que defiende es la reputación de la 4-T; o quien en el fondo defiende es al gobierno anterior, toda vez que durante esa gestión en México creció de forma extraordinaria el crimen organizado, el narco y la inseguridad pública, lo que, según los estadounidenses, ha generado tráfico de narcóticos hacia su país, costando vidas de miles de sus jóvenes y ciudadanos. 

 

Y esto repetido una y mil veces: los mexicanos no queremos que los gringos metan su cuchara en asuntos mexicanos; no queremos ninguna intervención y mucho menos invasión. Nada. La historia nos enseña, sobre todo a los mexicanos, la capacidad rapaz de sus intereses calvinistas.

 

Pero también es cierto que los mexicanos todos –o casi todos- queremos que termine ya esta guerra interna del crimen organizado, el narcotráfico, la violencia criminal, la delincuencia y los dolores y quebrantos producidos por esos mexicanos desconocidos en donde se encuentren: ya en sus guaridas o en el mismo gobierno al que han asaltado para hacerse del poder y sus beneficios. 

 

Mucho bien le haría al país-México, que la presidente mexicana utilice ese énfasis, esa enjundia, ese coraje mostrado el 31 de mayo para defender a los ciudadanos y no a los Narcopolíticos y a ese inframundo de crimen y terror. 

 

Mucho mejor sería que nuestra presidente sepa que si bien apenas 34 millones de mexicanos votaron por ella, somos 130 millones los que vivimos aquí, los que trabajamos aquí, los que queremos un país en paz y para nuestro desarrollo y el desarrollo de las futuras generaciones…

 

… Sin pérdida de libertades, sin pérdida de instituciones democráticas, sin pérdida de democracia, sin pérdida de confianza y confrontaciones unos con otros, sin pérdida de igualdades, sin pérdida de justicia, sin pérdida de confianza en gobiernos dignos, los que no mienten ni acumulan poder por el poder mismo, sin sentido ni meta.

 

Un país en el que todos, dirigidos por un gobierno justo, democrático, libre de prejuicios y libre de contradicciones nos conduzca con nuestro propio esfuerzo voluntario, en una gesta por ese país que todos queremos: el país del todo cumplido para todos. Un país de izquierda, sí, pero izquierda cierta, justa y verdadera. Ese sí sería el país soberano. Eso sería defender la soberanía.

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