CRÓNICA POLÍTICA: La magia de la Gueleguetza

Rosy RAMALES

Las empedradas calles del Centro Histórico de la Ciudad de Oaxaca de Juárez parecen ríos humanos anegadas de turistas nacionales, extranjeros y del interior de la entidad, así como de habitantes de tan mágico lugar.

Y es que ya viven con intensidad las festividades de la Guelaguetza 2019 con convites de diversas delegaciones participantes en los Lunes del Cerro, donde se materializan las presentaciones principales de la máxima festividad de los oaxaqueños, y de sectores que forman parte de las actividades de la misma.

Los convites son una especie de desfiles, pero dinámicos, alegres y con luz, porque en ellos van bailando una, dos, tres o más delegaciones étnicas; de mujeres y hombres luciendo sus trajes regionales, el ritmo de sus sones, sus costumbres; los acompañan faroles y monos de calenda gigantes. Incluso, a su paso van repartiendo vasitos con mezcal al turismo, y van quemando toritos (fuegos artificiales).

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El convite es el anuncio de la máxima festividad de los oaxaqueños: La Guelaguetza. El convite también representa la invitación de las delegaciones étnicas a quienes vienen y viven en Oaxaca a unirse a la fiesta, a asistir a la presentación de la misma en sus dos Lunes del Cerro, pues precisamente se llevan a cabo los dos últimos lunes de julio; es la primera y la octava.

En antaño solamente se concretaba a esos dos Lunes del Cerro, pero después la festividad se fue extendiendo con diversas actividades los ocho días completos. Y ahora comprende alrededor de treinta días. Por eso hoy de le dice: Julio, mes de la Guelaguetza.

Y todo el mes hay actividades diversas como, por ejemplo Ferias en distintos municipios en base a su gastronomía, cosecha o arte principal. Por ejemplo, la Feria del Trigo en la Villa de Díaz Ordaz, la Feria del Barro Rojo en San Marcos Tlapazola, la Feria del Barro Negro en San Bartolo Coyotepec, la Feria del Hongo Silvestre en Cuajimoloyas, la Feria de la Manzana en Latuvi, el Corredor Gastronómico en la Villa de Zaachila, etc.

Pero además hay expos como las siguientes: Del Alebrije en Arrazola, de la Cantera en Magdalena Apasco, del Tapete de Lana en Teotitlán del Valle y artesanales. También fiestas patronales y encuentros de danzas, como la inigualable Danza de la Pluma.

Son actividades que se llevan a cabo en diversos municipios, la mayoría de ellos cercanos a la capital oaxaqueña en la región conocida como Valles Centrales; y otras, tienen lugar en lugares ecoturísticos de la Sierra Norte.

Mmm, todo es una maravilla, algo mágico; un regalo de Dios, de la naturaleza y de los pueblos y comunidades indígenas de Oaxaca dispersos en las ocho regiones de esta hermosa entidad que cuenta con ciudades, montañas, sol y mar. Vaya, es el paraíso.

Es tanta la expectativa y tanto el turismo, que en varios municipios cercanos a la capital oaxaqueña celebran su propia Guelaguetza también con la presentación de los bailables, sones y tradiciones de la fiesta principal. La hacen en Mitla, Zaachila, Reyes Etla, San Antonino Castillo Velasco, San Pablo Etla, Miahuatlán de Porfirio Díaz, San Jacinto Amilpas, Santo Tomás Jalieza, Magdalena Teitipac, Santa María El Tule, Villa de Etla, entre otros.

Todo Oaxaca, con sus ocho regiones, 570 municipios, y más de mil 800 pueblos y comunidades indígenas, vive intensamente su máxima festividad: La Guelaguetza, que significa “dar”, “solidaridad”, “hermandad”. Son días de música, bailes, comida, mezcal, trajes regionales, de artesanías; de sentir como vibra el corazón de los oaxaqueños.

El viernes anterior a la presentación de la Guelaguetza en su primer Lunes del Cerro, se lleva a cabo El Festival de los Moles, que es una muestra de las exquisitas variedades de moles que se hacen y se comen en esta tierra única; están el famoso mole negro, el coloradito, el amarillo, el verde, el chichilo, el estofado, el mole de chicatanas, el mole de mojarra, entre muchos más.

Y se acompañan con mezcalito para bajar la grasita, arroz blanco o rojo y tortillas hechas a mano, además de agua de horchata, jamaica, tamarindo, limón con chía, téjate. Mmm, delicioso; termina uno casi a reventar, pero todo es tan sabroso que es imposible seguir cuando menos probando.

Claro, la Feria Internacional del Mezcal se ha convertido en una de las actividades principales en el marco de la Guelaguetza; feria que ahora se llevará a cabo en el Centro Cultural y de Convenciones, y en la cual se expone y se vende la gran variedad de esta ancestral bebida. Y los hay de gusanito de maguey, de pechuga, de olla, de alacrán; blanco, reposado, añejo. Nada como el mezcal.

Y nuestra máxima fiesta  –soy oaxaqueña—, la Guelaguetza es la cúspide de las festividades: Las delegaciones provenientes de las regiones de Valles Centrales, el Istmo, la Costa, las Sierra Norte, la Sierra Sur, la Cañada, la Cuenca del Papaloapan, la Mixteca, hacen cimbrar los corazones de propios y visitantes con sus bailes, sones, chilenas; con la demostración de sus tradiciones como bodas, fandangos, procesiones; con sus versos, sus canto; con sus hermosos trajes regionales y con tanta solidaridad y hermandad que emanan.

Bailan, cantan, dicen versos, tiran muestras de sus artesanías o de su producción: Piñas, café, tortillas, sombreros, canastas de palma, pan, y todo lo que hacen y traen.

Bailan en el auditorio que lleva el nombre de Guelaguetza, y que se ubica en el Cerro del Fortín, conocido también como la Rotonda de la Azucena, porque en antaño ahí las familias oaxaqueñas acudían a recolectar una florecita blanca y olorosa llamada azucena y que solo se da en los meses de lluvia, sobre todo en julio.

Recolectaban azucenas tras asistir a la presentación de la Guelaguetza, y muchas familias hacían día de campo ese lunes, en ese cerro; ahí comían lo que llevaban o lo que compraban en puestos de empanadas de amarillo y de verde, tacos de barbacoa, empanadas de San Antonino Castillos Velasco; quesadillas, molotes, tostadas, téjate, etc.

En la actualidad, sigue habiendo puestos de comida.

Así más o menos se vive y es la máxima festividad de los oaxaqueños: La Guelaguetza, cuya cúspide inicia con el Desfile de Delegaciones, que se realiza el sábado anterior a las dos presentaciones. Ah, y el domingo anterior se presenta el espectáculo histórico de la leyenda sobre la Princesa Donají.

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Rosy RAMALES

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