CRÓNICA POLÍTICA: Enrique y Angélica… fin de la telenovela

Rosy RAMALES

Los matrimonios por conveniencia siempre han existido a lo largo de la historia de la humanidad, sobre todo entre la realeza, los ricos y los políticos.

Y algunos son disueltos cuando termina o se ha cumplido el objetivo que los motivó. Al final de cuentas el matrimonio es un contrato.

Por tanto, ¿qué de extraño tendría un matrimonio de conveniencia entre Enrique Peña Nieto y Angélica Rivera Hurtado? ¿O la unión fue producto del amor verdadero?

El entonces gobernador del Estado de México necesitaba popularidad en la ruta por la candidatura del PRI a la Presidencia de la República, y de una imagen femenina a su lado tras la muerte de su esposa Mónica Pretelini Sáenz ocurrida el 11 de enero del 2007.

Qué mejor que Angélica Rivera, quien fue la imagen de su campaña “300 compromisos cumplidos”, efectuada en 2008, prácticamente a la mitad del sexenio del gobernador mexiquense perfilado por el grupo Atlacomulco para la postulación presidencial.

La actriz era la más popular del momento gracias a su papel en la telenovela Destilando Amor: Teresa Hernández, la “Gaviota”.

La popularidad de Angélica Rivera impactó positivamente en la imagen de Peña Nieto, quien se metió a los hogares mexicanos mediante la televisión vía entrevistas, reportajes, comentarios en programas y noticieros, sobre su noviazgo con la “Gaviota” y luego sobre su matrimonio con ella.

Y no solo vía televisión, sino también en radio y todo tipo de revistas de entretenimiento, de resúmenes de telenovelas, de manualidades y demás. Una estrategia infalible para posicionar a Peña Nieto de un numeroso público cautivo

Como en política nada es casualidad, sino causalidad, es probable que el matrimonio haya sido pactado o cuando menos planeado con fines de mercadotecnia electoral; un guión para toda una telenovela, de la cual ahora estamos viendo el final: El divorcio.

En su libro “Si yo fuera presidente”, Jenaro Villamil da cuenta de datos muy interesantes sobre los vericuetos en torno a la relación de Peña Nieto y Angélica Rivera cuando él aún gobernaba suelo mexiquense y ella era la popular actriz.

Habla de ciertos convenios comerciales entre el mandatario y la televisora más grande del país, en ese momento. Incluso, el escritor los refirió cuando hizo la presentación de su libro y existen videos de ello.

En política hay cosas que suenan lógicas. Necesidad de popularidad, una imagen femenina idónea para contribuir al objetivo y para el acompañamiento en el sexenio como la Primera Dama en caso de ganar las elecciones presidenciales y después fin de la relación.

Pudo haber sido así ¿no? Amén de cualquier sentimiento de amor por parte de alguno de los dos protagonistas de la telenovela Enrique y Angélica. ¿O no fue telenovela?

Suponiendo que haya sido guión, al final del sexenio de alguna manera sutil y más o menos creíble tenía que darse el desenlace. ¿Cómo? Pues con una pública infidelidad por parte del protagonista principal para provocar el divorcio y cada quien por su lado.

¿O es solo real coincidencia el supuesto romance entre la atractiva y joven modelo Tania Ruiz Eichelmann con Enrique Peña Nieto? Eso de dejarse ve en público pudo tener el propósito de desencadenar el escándalo y la reacción de Angélica Rivera para sin demora anunciar el divorcio.

¿O el ex mandatario y su supuesta novia fueron fotografiados en un descuido de ambos?

Solo los tres protagonistas lo saben a ciencia cierta. Lo que sí un divorcio sin evidente causa, de golpe y porrazo tras la terminación del sexenio presidencial, hubiese confirmado la existencia de un convenio de matrimonio sobre un guión digno de telenovela.

De por sí, su noviazgo y su matrimonio siempre estuvieron en medio de la crítica y de las especulaciones: Influencias hasta en curas para hacer posible la anulación de la anterior unión de la actriz, falta de convivencia entre ella y Peña Nieto, casi vidas separadas, etc.

Incluso, Angélica poco asumió el rol de Primera Dama, el cual ejerció solamente en ocasión de protocolos en ceremonias oficiales nacionales o internacionales. Y muy poco se vio su actividad como presidenta honoraria del DIF.

Cosa que hasta fue vista con agrado por mexicanas y mexicanos en desacuerdo con la excesiva participación de la esposa de un mandatario en los asuntos públicos que solamente competen al titular del Ejecutivo.

En fin, como haya sido, Enrique y Angélica se divorcian como en una telenovela sin final feliz.

Hasta dónde pueden llegar los políticos en la búsqueda y en el ejercicio del poder.

¿FIN DE LA TELENOVELA?

Es pregunta. Porque siempre cabe la posibilidad de capítulos al margen de los escritos ex profeso para determinada trama.

Por ejemplo, un capítulo donde alguno de los protagonistas saquen a flote verdades que, incluso, hayan sido perjudiciales para el país.

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Correo: rosyrama@hotmail.com

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