LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA
Entre 1948 y 1951 el procesalista uruguayo Eduardo J Couture escribió “los mandamientos del abogado”, un decálogo para abogados (sobre todo para estudiantes de derecho) ampliamente conocido en los países de Latinoamérica.
El primero de esos mandamientos dice: “Estudia. El derecho se transforma constantemente. Si no sigues sus pasos, serás cada día un poco menos abogado”. A tres cuartos de siglo sigue plenamente vigente.
Pero no se refiere solo a que las reformas de códigos y leyes, al ser constantes, obligan a estar siempre atentos a ellas; ni tampoco solo al hecho de que los tribunales constitucionales todas las semanas están dictando jurisprudencia, lo que implica que -por ejemplo- en México cada viernes tenemos nuevas normas jurídicas nacida de la interpretación constitucional.
Couture pareció ver también algo que nadie quiere ver hoy en día. Que la enseñanza del derecho le debe seguir los pasos a esas transformaciones, pero además a los nuevos desarrollos que, dentro de la teoría del derecho, se dan sobre todo en nuestros países. Me refiero a Latinoamérica.
Esto podría pasar por perogrullada, de no ser porque en muchas escuelas y facultades se sigue enseñando el derecho con las teorías de los años 50s importadas desde Europa.
Al margen de las grandes transformaciones del derecho en sus aplicaciones prácticas (sobre todo jurisdiccionales) nuestros jóvenes siguen aprendiendo desde la tradición exclusivamente iuspositivista.
Seguimos enseñando la gastada definición del derecho desde el legicentrismo y el monismo jurídico porque así lo exigen los planes de estudio.
Pero además hace falta darle pleno sentido a la libertad de cátedra, desde la cual los docentes pueden adecuar sus temarios y hasta ir en contra de ellos, para vincular a los jóvenes estudiantes a la realidad no solo de la práctica jurídica, sino de la vida social.
Y es que muchas cosas (muchísimas) han pasado en el mundo del derecho desde que García Máynez, Porrúa, Recaséns, Tena o Burgoa escribieron sus textos.
Por ello es obligación de la autoridad educativa exigir actualización de los planes de estudio, y es compromiso de los profesores actualizarse en sus materias aún en contra de los planes de estudio desfasados.
Y si hablamos de Oaxaca, aquí la enseñanza del derecho no puede ser la que se da en la Ciudad de México, Jalisco o Nuevo León.
Más que en cualquier otra parte, la enseñanza del derecho debe estar vinculada con el entorno y abrazar la pluralidad de culturas. Ese pluralismo debe atravesarlo todo transversalmente en la formación de los jóvenes abogados.
Duncan Kenedy, uno de los padres de los Critical Legal Studies, decía que la enseñanza del derecho era una forma de acción política y en Oaxaca adquiere pleno sentido.
El estudiante en Oaxaca necesita aprender todos los paradigmas del derecho y no solo el positivismo; necesita formarse con y no en contra de la inteligencia artificial; requiere aprender como se instala un despacho y como se cobran los honorarios; y cuáles son los más recientes avances científicos en cuanto al ofrecimiento y desahogo de las pruebas.
Necesita aprender a argumentar oralmente y a ejercer la profesión desde la ética, solo por citar algunos ejemplos.
Oaxaca siempre se ha distinguido por sus buenos abogadas y abogados. Mantengamos ese brillo desde la vanguardia en el alto compromiso de enseñar bien el derecho.

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