DETRÁS DE LA NOTICIA
Alfredo MARTÍNEZ DE AGUILAR
* Así como en otros estados el mayor error del crimen organizado es realizar acciones terroristas contra las corporaciones policíacas y las fuerzas armadas con “coches bomba”, drones con explosivos” y minas terrestres, en Oaxaca es un grave error ejecutar al periodista Alejandro Leyva.
* Esta es la parte medular de nuestro análisis anoche en Termómetro Electoral de «Política Sin Corbatas», conducido por Jaime Velásquez con quien compartimos opiniones sobre el proceso electoral, por las radiodifusoras del Grupo «As Comunicación», La Mexicana, La Poderosa y Oreja.
La coordinación binacional en materia de seguridad nacional entre el gobierno del presidente de Estados Unidos Donald Trump y la presidenta de México Claudia Sheinbaum dinamitaron los proyectos político-electorales rumbo a la gobernación de Oaxaca por dos y seis años con candidata mujer y candidato hombre, respectivamente.
Así como en otros estados de la República Mexicana el mayor error del crimen organizado y del narcotráfico es realizar acciones terroristas contra las corporaciones policíacas y las fuerzas armadas con “coches bomba”, “drones con explosivos” y minas terrestres, en Oaxaca es un grave error ejecutar al periodista Francisco Alejandro Leyva Aguilar.
En un ejercicio de creación de escenarios políticos futuros esta es una consecuencia lógica y natural porque muy pronto se pasará de combatir al crimen organizado, especialmente en la capital oaxaqueña y los Valles Centrales, al ataque frontal contra los cárteles del narcotráfico en las regiones, particularmente el de Sinaloa y los Beltrán Leyva en la Costa.
Esta es la parte medular de los puntos de vista de nuestro análisis anoche en Termómetro Electoral del Programa «Política Sin Corbatas», conducido por Jaime Velásquez, con quien compartimos opiniones sobre el proceso electoral, a través de las estaciones radiodifusoras del Grupo «As Comunicación», La Mexicana, La Poderosa, Oreja y Retro.
Hay asesinatos que conmocionan. Otros que indignan. Y existen crímenes que, por su gravedad y por el contexto en que ocurren, cambian el tablero político completo. La ejecución del periodista Francisco Alejandro Leyva Aguilar es uno de ellos.
El crimen organizado quizá creyó que asesinando al mensajero mataría también el mensaje. Grave error de cálculo político. Porque matar a un periodista no apaga una denuncia: la convierte en escándalo. No desaparece una amenaza: la vuelve visible. No cierra una investigación: puede abrir cientos.
Y, sobre todo, puede provocar que Oaxaca deje de ser observado únicamente desde la óptica de la política local para convertirse en un asunto de seguridad nacional de México y de Estados Unidos. Ahí comienza el verdadero problema para quienes ya están haciendo cuentas rumbo a la gubernatura.
Las llamadas “aspirinas” de la sucesión oaxaqueña —quienes ya se sienten con posibilidades de competir por la gubernatura en los próximos procesos— podrían haber recibido el peor regalo político imaginable: el beso del diablo.
Las reglas del juego electoral cambiaron de manera radical porque la ejecución de Alejandro Leyva sigue provocando una escalada de presión nacional e internacional y obliga a profundizar las investigaciones sobre las estructuras criminales que operan en Oaxaca.
Lo que ayer se resolvía con acuerdos políticos, estructuras partidistas, operadores electorales y negociaciones de élite, mañana podría estar condicionado por una pregunta mucho más elemental:
¿Quién puede garantizar seguridad? Y esa pregunta pulveriza más de un proyecto sucesorio.
La coordinación de seguridad entre México y Estados Unidos constituye un factor que adquiere enorme relevancia por la violencia que continúa escalando en Oaxaca con la complicidad de actores políticos. No se trata solamente de perseguir sicarios.
La verdadera batalla está en las estructuras: dinero, armas, logística, lavado de activos, redes de protección, corrupción, rutas, operadores y complicidades. El combate pasó de la reacción policial a la inteligencia financiera y a la desarticulación de las organizaciones criminales, y Oaxaca entró en una etapa completamente distinta.
Y cuando el Estado decide seguir el dinero, muchas máscaras comienzan a caer. El problema para el crimen organizado es que los asesinatos de alto impacto generan presión. Y el problema para algunos políticos es que la seguridad puede convertirse en el principal criterio con el que la sociedad juzgue a quienes aspiran a gobernar.
EL PEOR ERROR DEL NARCO
El narcotráfico puede comprar armas. Puede comprar voluntades. Puede corromper funcionarios. Puede infiltrar instituciones. Pero existe algo que no puede controlar completamente: la reacción social y política nacional e internacional que provoca cuando cruza determinadas líneas.
Atacar policías y militares con explosivos, utilizar drones, colocar minas o ejecutar periodistas no necesariamente demuestra fortaleza. Puede demostrar desesperación. Porque cada escalada criminal aumenta el costo político de la inacción y eleva la presión para responder con mayor contundencia.
Por eso, ejecutar a Francisco Alejandro Leyva Aguilar es el peor error estratégico. El crimen quiso sembrar miedo y termina sembrando inteligencia mexicana y estadounidense. Quiso cerrar una boca y puede haber abierto cientos. Quiso esconderse en la oscuridad y encendió reflectores sobre Oaxaca.
TRUMP, SHEINBAUM Y EL NUEVO TABLERO
La presión estadounidense sobre las organizaciones criminales se profundiza y la administración de Claudia Sheinbaum mantiene una coordinación estrecha con Washington en materia de seguridad, y Oaxaca no queda al margen. Mucho menos después de un crimen contra un periodista.
Y ahí aparece una variable que puede alterar todos los futurismos: la agenda de seguridad nacional terminará imponiéndose a la agenda electoral. Los aspirantes que hoy construyen candidaturas descubrirán que el escenario de mañana será completamente diferente.
No ganará necesariamente quien tenga más padrinos y dinero sucio. No necesariamente quien tenga más estructura. No necesariamente quien controle más grupos. Ganará quien pueda demostrar capacidad para enfrentar al crimen sin pactar con él, recuperar la autoridad del Estado y garantizar que ejercer el periodismo no sea una sentencia de muerte.
SE ACABÓ EL FUTURISMO DE ESCRITORIO
Por eso, cuidado con quienes ya están repartiendo cargos, anticipando candidaturas y haciendo cuentas sobre la sucesión. La ejecución del periodista Francisco Alejandro Leyva Aguilar se convirtió en un parteaguas.
El tablero político de Oaxaca quedó patas arriba. El trabajo de inteligencia obliga a avanzar las investigaciones, aparecen nuevas líneas, se descubren redes de protección y aumenta la presión nacional e internacional.
Las “aspirinas” tendrán que entender que el poder ya no se juega solamente en los restaurantes, en las oficinas, en los partidos o en las encuestas. Se juega también en las calles. En la seguridad.
En la capacidad de las instituciones para recuperar el territorio. Y en la confianza de una sociedad cansada de vivir entre el miedo y la impunidad.
EL MENSAJE FINAL
Hay una ironía brutal detrás de todo esto. Quienes ordenan matar periodistas creen que eliminan adversarios. En realidad, pueden fabricar enemigos mucho más poderosos: la opinión pública, la presión internacional, las instituciones de inteligencia y una sociedad que decide dejar de guardar silencio.
El periodista Francisco Alejandro Leyva Aguilar ya no puede hablar. Pero su asesinato puede provocar que Oaxaca hable más fuerte que nunca. Y esa ejecución ha conseguido que el Estado deje de administrar la violencia para comenzar a desmantelar las estructuras que la producen, entonces, quienes apretaron el gatillo habrán cometido una equivocación histórica.
Porque quizá creyeron que habían eliminado y callado a un periodista. Y encendieron el detonador que terminó explotándoles en las manos. Ese es el verdadero “beso del diablo”.
Matar al mensajero dinamitó el blindaje político del crimen organizado… y, de paso, hecho volar por los aires más de una candidatura rumbo a la gubernatura de Oaxaca. Porque cuando la sangre de un periodista obliga al Estado a mirar donde antes no quería mirar, se acabó la política de simulación.
Y, entonces, la pregunta ya no es quién quiere gobernar Oaxaca. Es mucho más incómoda: ¿Quién está dispuesto —y quién es capaz— de enfrentar a quienes realmente mandan cuando cae la noche?
alfredo_daguilar@hotmail.com
director@revista-mujeres.com
@efektoaguila

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