LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA*
En 1826, cinco años después de consumada nuestra independencia, se creó en Oaxaca el primer Instituto de Ciencias y Artes de México. Y fue junto con el Instituto de Ciencias de Jalisco y el Instituto Científico y Literario de Toluca, uno de los mas emblemáticos del nuevo periodo histórico que inauguraba el liberalismo político.
Es el antecedente inmediato de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca y no obstante abrió sus puertas hasta 1827, su decreto de creación se publicó en el 26.
Es idea común que el periodo de la reforma fue hijo de Juárez y la brillante generación que lo acompañó al frente de la república, pero la realidad es que fueron estos institutos, que proliferaron por todo el país, los que hicieron germinar la semilla de un nuevo paradigma que rompió con la hegemonía de la iglesia.
Para que el liberalismo político pudiera triunfar era menester que preponderara el liberalismo educativo; aquel que introdujo, antes que cualquier otra cosa, la libertad de conciencia y el pensamiento crítico.
Ahí se empezaron a enseñar las artes liberales:
- Latín, griego, literatura clásica, historia.
- Filosofía y leyes. Lógica, ética, derecho natural, derecho constitucional y retórica.
- Matemáticas, física, astronomía y geografía.
De todo ello, y por las razones que sean, hoy no queda ni la sombra.
Habemos quienes defendemos que Juárez es el padre de la segunda independencia. Pero la realidad es que Juárez ni hubiese sido lo que fue sin aquel Instituto donde se formó y que cambió – a insistencia de Miguel Méndez- su decisión de seguir en el Seminario.
La historia conocida de México del siglo XIX fue la historia que se comenzó a escribir en las aulas de aquella escuela.
Ahí se formaron, además de Juárez, Díaz, Rabasa, Matías Romero, Manuel Dublán, Marcos Pérez y Miguel Méndez.
Y algo curioso; ahí se formó también Demetrio Sodi, Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación con Díaz, pero ratificado por Madero, como reconocimiento a su indeclinable independencia judicial.
Sería interesante saber qué decisiones se votaron contra Porfirio Díaz en los tiempos de aquella Corte Suprema.
Los bicentenarios nunca pasan desapercibidos, pero no deben ser solo ocasión para pretender vivir de viejas glorias. Deben ser ocasión para la reflexión y la revisión.
Hoy que tenemos parámetros objetivos e institucionalizados para medir el desempeño de nuestras universidades públicas, puede ser una excelente ocasión con un nuevo rectorado, para revisar, ajustar y corregir ahí donde sea menester para que la UABJO vuelva a brillar, pero también para que no le falle a las familias y al pueblo de Oaxaca que esperan profesionistas de excelencia y con todas las posibilidades de competir y de ganar en el mundo laboral.
Que la llegada de año 200 marque el punto de arranque para diseñar qué tipo de universidad queremos para los próximos dos siglos.
*Magistrado Presidente de la Sala Constitucional del Tribunal Superior de Justicia de Oaxaca.

Sé el primero en comentar