TRAMPA EN LA UNAM

LA X EN LA FRENTE

Moisés MOLINA*

Estas vacaciones acompañé a mi hijo a la Copa Huatulco, un torneo de futbol para niñas y niños.

El deporte es tenido entre nuestras sociedades como una de las prácticas humanas más encomiables y encomiadas porque se asocia a la salud física y mental, pero además porque actualiza valores que -incluso- hemos puesto en normas para competir.

“Mente sana en cuerpo sano”, “citius, altius, fortius”, “lo importante no es ganar, sino competir”, “que gane el mejor”, son algunas de las frases de uso común que exaltan las virtudes de hacer deporte y competir.

Por ello una de las formas de enseñar ética a niños y jóvenes es la práctica del deporte y la competencia deportiva en cualquier disciplina.

Durante uno de los partidos de mi hijo (entre niñas y niños de entre 9 y 10 años) sucedieron cosas que me llamó poderosamente la atención:

Se marcó un tiro libre a favor nuestro, y mientras el árbitro indicaba dónde tenía que ubicarse la barrera el pequeño cobrador adelantó indebidamente dos veces el balón de la posición original donde lo había colocado el silbante para quedar más cerca de nuestra portería.

Y al terminar el encuentro una de nuestras jugadoras visiblemente disminuida relató que uno de sus adversarios hombre le espetó después de cortarle un avance: “vieja tenías que ser”.

Y es que no hace falta ser periodista deportivo para saber que los valores se han ido del único terreno que los mantenía incólumes y que nos reunía cada cuatro años para celebrar la fraternidad de las naciones en olimpiadas y mundiales de futbol.

Ahora que una investigación periodística de Nayeli Roldán exhibió que cientos de alumnos hicieron trampa con inteligencia artificial para resolver el examen de admisión de la UNAM, el dilema ético está más presente que nunca.

Mientras el comité formado para dar “la mejor solución posible” a este caso determinó que sí hubo trampa y que se tendrá que aplicar un nuevo examen presencial, hay alumnos tramposos que defienden que “haiga sido como haiga sido” ellos aprobaron el examen y no debe haber segundo examen. Incluso interpondrán amparos.

No pretendo juzgar aquí el comportamiento ni las decisiones de nadie. Solo pretendo que se reflexione desde la intimidad de nuestras conciencias y nuestras familias hacia donde vamos como especie humana y como mexicanos.

La pregunta es simple y se formuló en el siglo XVI por un florentino enterrado en la iglesia de la Santa Cruz:

¿El fin justifica los medios?

Es decir:

¿Es válido usar todo lo que tengamos a la mano para conseguir lo que queremos? ¿Debo abstenerme de hacer trampa aún cuando muchas y muchos hacen trampa?

La mejor respuesta la tienes tú.

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