DETRÁS DE LA NOTICIA
Alfredo MARTÍNEZ DE AGUILAR
* Oaxaca de Juárez constituye hoy un ejemplo del dilema entre la continuidad de las políticas públicas eficaces y la tentación de regresar a la improvisación que tanto ha costado superar. Hay enormes desafíos en materia de seguridad, movilidad, servicios públicos y crecimiento urbano, retos que exigen experiencia administrativa y visión estratégica, no experimentos políticos.
* La continuidad, sin embargo, no debe confundirse con inmovilismo. Un gobierno merece continuar únicamente cuando demuestra capacidad para corregir errores, mejorar resultados y responder eficazmente a las demandas sociales. Continuar no significa repetir; significa consolidar aquello que funciona y rectificar aquello que aún presenta deficiencias.
En política, como en la administración pública, los discursos pueden seducir durante una campaña, pero son los resultados los que terminan legitimando o descalificando a un gobierno. Las ciudades no se gobiernan con ocurrencias, improvisaciones ni protagonismos personales. Se gobiernan con conocimiento del territorio, capacidad de gestión y una permanente disposición para escuchar y resolver los problemas cotidianos de la ciudadanía.
Oaxaca de Juárez constituye hoy un ejemplo de ese dilema entre la continuidad de las políticas públicas eficaces y la tentación de regresar a la improvisación que tanto ha costado superar. La capital oaxaqueña enfrenta enormes desafíos en materia de seguridad, movilidad, servicios públicos y crecimiento urbano, retos que exigen experiencia administrativa y visión estratégica, no experimentos políticos.
El reciente encuentro del presidente municipal Ray Chagoya con habitantes de colonias, barrios, agencias municipales y dirigentes de mercados dejó un mensaje que trasciende el protocolo de una convivencia comunitaria. La Guelaguetza ofrecida al alcalde fue, más que un acto simbólico, una expresión del reconocimiento ciudadano hacia un gobierno que ha privilegiado el trabajo cotidiano sobre la confrontación política.
Las voces ciudadanas coincidieron en destacar avances concretos que durante años parecían imposibles de consolidar: una mejor recolección de residuos sólidos, mayor cobertura del alumbrado público, programas permanentes de bacheo y, sobre todo, una administración que ha decidido salir de las oficinas para atender directamente los problemas en las comunidades.
No es casual que durante ese encuentro también surgiera un mensaje de evidente contenido político: Oaxaca de Juárez no puede volver a quedar en manos de personajes improvisados ni de quienes han demostrado incapacidad para construir y fortalecer el proyecto de transformación nacional encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. La reflexión merece atención porque expresa una preocupación compartida por amplios sectores sociales que privilegian la estabilidad institucional sobre las aventuras personales.
La continuidad, sin embargo, no debe confundirse con inmovilismo. Un gobierno merece continuar únicamente cuando demuestra capacidad para corregir errores, mejorar resultados y responder eficazmente a las demandas sociales. Continuar no significa repetir; significa consolidar aquello que funciona y rectificar aquello que aún presenta deficiencias.
Los indicadores comienzan a respaldar esa percepción ciudadana. La evaluación más reciente de Consulta MITOFSKY ubicó a Ray Chagoya con una aprobación del 54.3 por ciento, colocándolo en el octavo lugar entre los presidentes municipales de las 31 capitales estatales del país. Más allá de las diferencias metodológicas que suelen acompañar cualquier encuesta, el dato resulta significativo porque sitúa a Oaxaca de Juárez dentro del grupo de gobiernos municipales mejor evaluados de México.
Pero quizá el indicador más relevante sea el relacionado con la seguridad pública, una de las principales preocupaciones de cualquier ciudad. La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI registró una disminución estadísticamente significativa en la percepción de inseguridad de los habitantes de Oaxaca de Juárez. El indicador pasó de 76.6 por ciento en junio de 2025 a 65.4 por ciento en junio de 2026, una reducción de 11.2 puntos porcentuales.
Detrás de esa mejoría no existe una fórmula mágica. Hay trabajo territorial, presencia institucional y una estrategia basada en atender factores que durante años fueron ignorados por distintas administraciones. El mejoramiento del alumbrado público, el retiro de vehículos abandonados, los recorridos preventivos de la Secretaría de Seguridad Vecinal, el Operativo Luciérnaga y el programa Calle Libre y Segura forman parte de una política pública orientada a recuperar espacios para la ciudadanía y fortalecer la presencia de la autoridad en las calles.
La lección es evidente: recorrer, escuchar, atender y resolver sigue siendo la esencia del buen gobierno municipal. Ninguna campaña publicitaria sustituye la presencia permanente de las autoridades en las colonias; ninguna narrativa política reemplaza la eficacia de los servicios públicos.
Desde luego, los desafíos persisten. Oaxaca continúa enfrentando rezagos históricos en infraestructura, movilidad, ordenamiento urbano y seguridad. Sería un error presentar un escenario idílico donde todos los problemas han sido resueltos. La ciudadanía es consciente de que aún falta mucho por hacer y justamente por ello la exigencia hacia el gobierno municipal será cada vez mayor.
Sin embargo, también sería injusto desconocer los avances alcanzados cuando éstos son percibidos por la propia población y respaldados por indicadores objetivos. La democracia exige evaluar con la misma severidad los errores que los aciertos.
En los próximos años la discusión política en Oaxaca de Juárez probablemente girará alrededor de una pregunta fundamental: ¿conviene apostar por la continuidad de un modelo de gobierno que comienza a ofrecer resultados medibles o regresar a la incertidumbre que caracteriza a la improvisación?
La respuesta no deberá construirse desde las consignas partidistas, sino desde la experiencia cotidiana de las y los ciudadanos. Al final, la mejor encuesta siempre será la que se realiza todos los días en las calles: la de una ciudad que funciona, que ofrece mejores servicios y que empieza a recuperar la confianza de quienes la habitan.
Porque en política municipal, como en la vida pública, la continuidad sólo tiene sentido cuando está sustentada en resultados; la improvisación, en cambio, suele ser el camino más corto hacia el retroceso.
@efektoaguila

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