UNAM por encima de todo. 

 

Joe Hernández Santiago

 

Hoy nuestra Universidad Nacional Autónoma de México está en una crisis inédita. O mejor dicho, no nuestra UNAM, sí los procedimientos que lleva a cabo para la selección de alumnos que ingresarán a las distintas licenciaturas que se imparten en  ella.

 

Se trata del examen de conocimientos que debe llevar a cada uno de los estudiantes, como requisito indispensable para acceder a las aulas universitarias. Aprobar el examen y conseguir el ingreso resultará en un enorme privilegio y una gran responsabilidad para los alumnos y para la UNAM.

 

Miles-miles-miles de jóvenes mexicanos en todo el país, y aun fuera del país, sueñan con hacer estudios en nuestra Máxima Casa de Estudios mexicana, no sólo como aspiración, sí como futuro profesional, calidad de vida y responsabilidad individual, familiar y social. 

 

Lo del examen es un procedimiento que se lleva a cabo en prácticamente todas las universidades del mundo en las que se cuida que los alumnos que ingresan cuenten con los conocimientos y las herramientas para comprender y facilitar su aprendizaje, hacerlo de más calidad y más eficiente. 

 

El examen escoge a los mejor dotados en conocimiento previo. 

 

Lo dicho, universidades en el mundo hacen exámenes de ingreso a sus estudiantes. Son pruebas de admisión estandarizadas o pruebas específicas por carrera. Y los hacen para medir objetivamente la preparación académica de sus candidatos; para comparar perfiles de sistemas educativos distintos y filtrar con rigor el exceso de solicitudes altamente competitivas.

 

Así ocurre en Harvard, Yale y Brown, además de Stanford y más. Dicen que esto es así porque al recibir decenas de miles de solicitudes de todo el mundo con diferentes sistemas de calificaciones escolares, el examen funciona como una medición objetiva para comparar las habilidades matemáticas, de lectura crítica y razonamiento de los alumnos en igualdad de condiciones.

 

En universidades de Europa, principalmente en el Reino Unido, Oxford y la Universidad de Cambridge, exigen pruebas específicas por disciplina. Los sistemas europeos suelen basarse en notas nacionales o exámenes de bachillerato, pero en todo caso necesitan evaluar el potencial analítico real, el pensamiento crítico y la idoneidad específica para una carrera exigente más allá de las calificaciones de la escuela preparatoria.

 

Por supuesto, también intervienen factores individuales, como capacidades para el conocimiento, habilidades para discernir frente a distintas opciones y soluciones de un tema o problema. 

 

Hay los alumnos inteligentes, capaces, vocados; los hay también que por más que los maestros lo intenten, nadamás no les entra el conocimiento por razón de incapacidad intelectual o por negación personal, problemas personales-familiares o de plano por flojera: De todo hay en una universidad.

 

Resulta que este año, la UNAM decidió aplicar el examen de admisión para licenciatura mediante un programa digital que, según dijeron, garantizaba probidad, seguridad, evitaría chanchullos y permitiría que los alumnos mejor capacitados pudieran ingresar a la UNAM. 

 

La matrícula total de la UNAM supera los 350 mil estudiantes. Y para este ciclo escolar de 2026 ingresarán 50 mil 113 nuevos alumnos a licenciatura. Esta cifra de nuevo ingreso se divide en 21 mil 962 estudiantes por examen de admisión y 28 mil 151 por pase automático. Cifras preliminares. 

 

Sin embargo, al conocer los resultados de los exámenes en algunas carreras, las autoridades se dieron cuenta del altísimo nivel de aprobados en nivel de excelencia, cosa que no ocurría cuando el examen se hacía de forma presencial. ¿Qué significó esto? Pues simple y sencillamente que muchos de los estudiantes presuntamente aprobados hicieron trampa-chanchullo-fraude. 

 

Y debido a este aumento atípico de puntajes perfectos, sospechas de uso de inteligencia artificial y trampas masivas, la UNAM decidió suspender provisionalmente los trámites de inscripción y a crear una comisión técnica de expertos para analizar la situación.

 

No podía ser de otra manera: Los puntajes de excelencia pasaron de un 9 por ciento en 2025 a 30 por ciento en 2026, lo que levantó sospechas de fraude. También se supo que en redes sociales y chats se ofrecieron respuestas y soluciones automatizadas o de apoyo técnico para pasar la prueba.

 

Esto generó una crisis inédita para la UNAM. Una crisis que proviene del sistema elegido y probablemente por la empresa elegida para diseñar el examen, frágil y vulnerable, lo que aprovecharon los vivales y decidieron engañar a la UNAM, pero sobre todo engañarse a sí mismos. 

 

Esto en detrimento de los alumnos que en efecto estudiaron, estaban preparados y tienen la aspiración honorable de acceder por vía asimismo honorable a la UNAM, otros estudiantes decidieron traicionar al espíritu universitario “Por mi raza hablará el espíritu”, y transformar una oportunidad en un engaño. 

 

¿Qué hacer? La UNAM tiene la palabra. Pero lo mejor será que se repita el examen todo, de forma presencial para eliminar chanchullos o suspicacias dañinas. O que quienes tuvieron ese alto puntaje hagan un examen adicional personalizado para verificar los conocimientos que presumen. Y si hubo fraudes, que se castigue a los responsables.  

 

Lo importante es que nuestra UNAM mantiene su prestigio; mantiene su calidad educativa; mantiene su seriedad y dignidad. Mantiene su rigor, dignidad y orgullo. Y sobre todo mantiene el amor que le tenemos los egresados y todos los mexicanos. 

 

Unos cuantos no podrán anular lo que históricamente le pertenece a la UNAM y que nos pertenece a todos en México.

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