Joel Hernández Santiago
La terca realidad nos avasalla. Nos hace ver que no todo es fiesta y jolgorio. Que no todo es Mundial de Futbol, a pesar de que durante estas semanas que duró el evento los mexicanos decidieron sentirse libres, a sus anchas, cargados de sí mismos sin necesidad de la retahíla diaria de que somos el país de la felicidad hecha realidad, aunque no sea cierto.
O parafraseando a Sabina: “… El mundial duró lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks”. Apenas unas semanas y ya. Lo que sigue para todos los países participantes es su vida cotidiana, sus problemas de gobierno, de supervivencia, de paz, de altas y bajas económicas… Tanto y más. Es el caso de México.
Apenas despertamos a la realidad luego de la locura futbolera, nos damos cuenta de que los mexicanos seguimos igual que antes, sumergidos en un país de contradicciones y mentiras políticas; en un país en el que la democracia prácticamente ha desaparecido para dar paso a un régimen que todo lo tiene dispuesto para su perpetuación, le guste o no a los mexicanos.
Nos damos cuenta de que el monstruo de la política engañosa sigue ahí, como el dinosaurio de Tito Monterroso. Que la oposición sigue jugando su propia extinción en tanto que dos nuevos partidos aparecen en el panorama electoral, uno de ellos, “Paz”, francamente ligado a Morena, como si le hicieran falta apoyos partidistas, con el Partido del Trabajo y el Verde que no es verde, tiene más que suficiente para vivir a su costa.
Y está “Somos México”, un partido que surge de aquella “Marea Rosa” que salió a las calles a finales de 2022 como un movimiento de organizaciones civiles (como el Frente Cívico Nacional y Poder Ciudadano) en defensa del Instituto Nacional Electoral (INE) de las reformas del entonces presidente, Andrés Manuel López Obrador.
Y nos damos cuenta de que siguen ahí los políticos, funcionarios públicos, con cargos de elección popular y legisladores que en su mayoría son abyectos personajes dispuestos a la indignidad, a la mentira, al engaño, a la traición, a la avaricia, con el fín de mantener el poder, ese poder embriagador; privilegios, ingresos superlativos por vías directas o chuecas… De todo ahí, a la vista, al portador.
El huachicol fiscal está ahí, y nadie -o casi nadie- de los verdaderamente involucrados de gobierno morenista están siendo procesados con seriedad y rigor.
Los sistemas de salud pública siguen siendo un verdadero desastre, casi criminal. Un viacrucis que tienen que transitar quienes dependen de estos servicios en el país y que suelen ser los más desprotegidos social, política y económicamente. La gente pobre, pues.
Ahí se les trata como eso, como gente pobre, marginada y sin voz ni solución a los graves problemas de salud que los aquejan cuando llegan a las clínicas de las instituciones públicas pidiendo auxilio, pero se encuentran con barreras infranqueables paso a paso, minuto a minuto, y lo peor, en muchos casos doctores, enfermeras, empleados, dueños de sí mismos y enemigos de quienes les pagan por ese trabajo y a quienes deben el sustento suyo y de sus familias.
La educación ni se diga, sobre todo en entidades cuya pobreza es más un síntoma que una excepción y en donde la CNTE hace de las suyas en contra de la enseñanza, en contra de la libertad, en contra del conocimiento, en contra de dar herramientas a los niños para la lucha futura, para su mejor futuro, para que no tengan que delinquir o huir del país. Y una Secretaría de Educación Pública inútil.
Y está ese crimen organizado que asola a gran parte del país. Surgido en connivencia con el poder político se siente seguro y protegido por esas instancias que debieran estar para garantizar vidas y patrimonio de todos los mexicanos; que deberían estar para perseguir el delito, el crimen, la violencia y la muerte. Mucho de este crecimiento criminal se debe por el apoyo de gente en el gobierno, federal, estatales o municipales.
No hay día en el que en este país no se sepa de muertes por crimen, por violencia, por confronta, por intereses económicos o políticos… Y aunque el gobierno se empeña en presentar cifras de disminución de ese crimen doloso, o secuestros o violaciones, lo cierto es esa terca realidad:
Un ejemplo muy reciente es la masacre ocurrida la semana pasada en Zacatecas, en donde murieron 10 personas hoy identificadas: Cinco empresarios, dos funcionarios municipales, un ex alcalde y un ganadero. ¿Por qué? ¿Quiénes los masacraron? En todo caso según el diario Reforma, los asesinos dejaron una manta dirigida al “señor de la noche y la Federación”, ¿acaso se trata del Batman de la 4-T, Omar García Harfuch.”
Y como este caso, o múltiples asesinatos aislados, ya de funcionarios públicos, candidatos a puestos de elección popular o de confrontaciones entre grupos rivales y, acaso ni siquiera eso, el crimen por el crimen mismo en un modelo de impunidad irresoluble por los tres niveles de gobierno.
Dicho así: la realidad está ahí, a la vista, y por más que el discurso político intente menguar la tragedia cotidiana de muchos y el temor de millones, nada es posible en tanto no se solucionen tantos saldos que dejó pendientes y en la oscuridad el ex presidente López Obrador…
Y por supuesto corresponde al actual gobierno federal dar soluciones, no mentiras, no rencores: soluciones para el bien de todos los mexicanos y no sólo de quienes son sus seguidores o beneficiarios obsecuentes.
El panorama después de la batalla es complicado para México, para los mexicanos, pero sobre todo para el gobierno de Morena-4-T. Sin mentiras ni rencores. Con la ley que es ley y con la verdad que es verdad. ¿Un sueño guajiro? Quizá.

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