Alan Riding: Colega Distante.

 

Joel Hernández Santiago

 

Alan Riding amaba a México. Y a su gente. Le preocupaba el devenir histórico de una nación a la que dio a conocer en un momento crucial de la historia mexicana. Cercano o ausente no dejaba de pensar a México, como un mexicano que se sentía y como un mexicano que no había nacido en México, sino en Brasil y de origen Británico. 

Muchos años después, en 2024 vino desde París, Francia, a una mesa literaria en la Feria Internacional de Libro de Guadalajara. Hace dos años apenas. Cuando habló lo hizo con cariño, con ternura por su patria adoptiva, pero con enorme preocupación. 

“México tiene dos grandes problemas [2024] que han  hecho difícil el camino hacia la construcción y la consolidación de su democracia: el narcotráfico y el avance hacia la militarización del país: Mi preocupación es que, a más de veinte años de haber logrado la democracia electoral, hay peligro de una democracia militarizada de un solo partido”, dijo. 

Llegó a México por primera vez en marzo de 1971. En junio ocurrió el “Halconazo”… “No lo cubrí porque había tenido un accidente automovilístico, pero mi esposa sí asistió y fue secuestrada por los halcones. La misma gente de Los Pinos fue quien me avisó de su secuestro, aunque después lo negaron”, dijo a Carmen Aristegui-Noticias en una entrevista el 20 de octubre de 2025. 

Llegó haciendo reportajes especiales para diferentes medios internacionales y ya aquí, y por la calidad de sus investigaciones periodísticas y la manera de entenderlas y explicarlas, siempre con verdad y a fondo, comenzó a ser el corresponsal para América Latina –con base en México- del prestigioso y añejo periódico estadounidense The New York Times.  

Era un periodista de excelencia. Siempre certero. Siempre agudo. Con una prosa inigualable. Con una gran capacidad de observación y de retención de los detalles mínimos que son los que hacen los grandes acontecimientos. 

Un periodista que había nacido en Brasil en 1943, de padres británicos, por lo que tenía la doble nacionalidad. Hizo la carrera de derecho en Inglaterra aunque la vida y su propia vocación lo llevaron por el camino del periodismo…

… Un oficio-profesión-vocación que pocos entienden pero que para quienes se dedican en vida y obra a ello sabemos que el olor de la tinta, del papel, de la información, de la noticia, del análisis y las crónicas son adictibles e inolvidables. “Cuando a uno le picó el araña del periodismo ya no hay salvación” decía Miguel Ángel Granados Chapa. A Alan le pico ese bicho. Y fue feliz. 

De forma cotidiana informaba al mundo de lo que acontecía en México. A detalle. Milímetro a milímetro. Caminó México por los lugares más recónditos. Habló con la gente. Le gustaba platicar con todos. Preguntaba-preguntaba-preguntaba y plasmaba e lienzos el retrato fiel de ese mundo maravilloso del que se enamoró y en contraparte ese mundo también lo quiso-quiere mucho. 

Ya imbuido del ser mexicano en 1984 dio a conocer el resultado de sus investigaciones, de sus observaciones, de sus preocupaciones y de su conocimiento firme del ser mexicano y la relación siempre compleja, difícil e inquietante como es la que México tiene con Estados Unidos. 

De ahí surgió una obra que lo lanzó al reconocimiento mundial aún más consolidado: “Distant Neighbors: A Portrait of the Mexicans” (“Vecinos Distantes: Un Retrato de los Mexicanos”). Apenas apareció el libro fue un boom internacional. Un libro emblemático de cómo la agudeza del pensamiento, del conocimiento, de las vivencias y reflexiones, entrevistas y mucho andar dan como resultado obras de excepción; un libro vigente en su contenido aún ahora. 

La obra fue traducida primero al español y luego a otros idiomas. Cuenta con varias reediciones y todavía en 2025 publicó la más reciente actualización con un nuevo epílogo. El último. 

“Orgulloso de su pasado indígena, México parece avergonzado de su presente indígena”.

Como corresponsal de The New York Times encabezó la cobertura sudamericana y registró algunos de los acontecimientos más relevantes de la región: La revolución sandinista en Nicaragua; las guerras civiles en El Salvador y Guatemala; la violencia de Sendero Luminoso en Perú y el auge del narcotráfico en Colombia…. 

Su destacada cobertura le valió diversos reconocimientos internacionales, entre ellos el Premio Maria Moors Cabot de la Universidad de Columbia.

De México se trasladó a Brasil. De ahí a Roma. Al final se asentó en Paris en donde llevó a cabo una revisión periodística de notable hondura sobre la cultura europea y sobre todo la vida en Paris. La cultura en la capital francesa y la actitud de la cultura y los artistas durante la ocupación nazi al país. 

Murió en París este 6 de junio, un día antes del día de la Libertad de Expresión en México y a unos días de los cincuenta años del golpe a Excélsior por el gobierno de Echeverría el 8 de julio de 1976, el que él dio a conocer al mundo. 

Lo conocí en 1980 por Samuel I. del Villar, entonces director de la revista “Razones”. Acudía a visitar a su amigo y de paso nos hicimos amigos. Buenos amigos. Yo, periodista en cierne, le pedía su opinión de tal o cual asunto, cómo verlo, cómo manejarlo, cómo entenderlo, cómo decirlo. Y él generosamente siempre tuvo palabras de apoyo, de ayuda y de auxilio frente a la ferocidad de Samuel. 

Acudíamos a comer a un lugar que mucho le gustaba por entonces. Un restaurante “Oaxaca” que estaba en avenida Coyoacán. Ahí por mucho tiempo platicábamos largo, a gusto, de sus experiencias, de mis inquietudes periodísticas. 

Siempre generoso el gigante aquel, de tamaño corporal y como periodista, me veía como los gatos viejos, que son roñosos con los otros gatos viejos, pero cariñosos con los gatitos. 

Hasta luego mi querido maestro, amigo Alan. Hasta luego. Quedaron pendientes esos mezcalitos que nos prometimos en Nueva York cuando acudiste a la presentación de un libro de Jorge Castañeda junto con Carlos Fuentes… Hasta luego colega. México te quiere, como tú lo quisiste. 

“México ha cambiado mi vida, he viajado y vivido en muchos países, pero en México tengo más amigos de corazón, de modo que es un país al que tengo muy cerca del palpite”

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