Reforma Electoral. Negociaciones en lo oscurito.

 

Joel Hernández Santiago

 

No cabe la menor duda de que los políticos de México, de cualquier partido, hacen eso, política a su favor, por su propio bienestar y futuro político. A la voluntad ciudadana la utilizan, no la benefician ni la fortalecen: le temen, pero la someten mediante argucias e imposición de poder. 

 

Es extremadamente difícil encontrar a un político profesional que sea la excepción, el que en realidad cumpla con su juramento al rendir protesta de velar por el bienestar de los ciudadanos y respetar y hacer respetar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Acaso Carlos Manzo, el ex alcalde de Uruapan, Michoacán, lo fue. Y es probable que, por eso mismo, fue asesinado. 

 

Por lo demás ya vemos cómo la política mexicana es un espejo de discordias y, por lo mismo, la política, en cualquier nivel, vive un proceso de deterioro que hace pensar que ahí hay un mundo ajeno a la vida cotidiana de los mexicanos, que los políticos mexicanos viven en su propia burbuja y en su propio aislamiento, en su mundo de poder, dinero, arrogancia, abuso, corrupción y mentira. 

 

Pero es lo que hay en México. Lamentablemente lo que hacen esos políticos impacta en la vida de los mexicanos. Ahí está el panorama, que nadie, con dos dedos de frente o nadie que hable con verdad, podría negar: 

 

Inseguridad pública en auge, crimen, violencia, impunidad, corrupción, ausencia de sistemas de salud pública de calidad, educación mediocre, desempleo disfrazado, inflación, economía puesta con alfileres, traición de unos a otros y traición a los mexicanos de a pie, engaños, abusos, mediocridad y miedo-miedo-miedo a perder el poder, ese poder que no lo es porque está cimentado en eso, en la mentira, en el engaño, en la traición, en la arrogancia y vanidad.

 

Pues eso mismo ha hecho que esos políticos aprueben leyes que atentan contra las libertades y los derechos de los mexicanos. Reformas constitucionales que les satisfacen su sed de poder hedonista. Son reformas que se acumulan desde el sexenio pasado y este mismo sexenio. 

 

Ahí está, por ejemplo, esa necedad que se llama Reforma Electoral y que no es más que la puesta en escena de una afrenta a la democracia y a la libertad de elección… Una iniciativa de Palacio Nacional que saldrá aprobada por el Poder Legislativo; una reforma que, entre otras muchas afrentas, entierra toda posibilidad de equilibrio y transparencia, como fue el Instituto Nacional Electoral…

 

… El cual desde que nombraron a su actual presidenta y cuando han impuesto consejeros a modo de Morena-4-T, es ya una institución acotada y, ahora, será una sombra lejana a las aspiraciones democráticas de los mexicanos: sin autonomía ni libertad de gestión ni voluntad propia.  

 

Quieren desaparecer los OPLES (Organismos Públicos Locales Electorales), los que son las autoridades de cada estado en México, responsables de organizar y supervisar las elecciones locales como las de gobernador, diputados y alcaldes, trabajando en coordinación con el INE para asegurar la calidad y uniformidad de los procesos electorales en todo el país. Grave error. 

 

Todas las instituciones de lo electoral están acotadas en su autonomía y con operarios dispuestos a obedecer y callar: cuidan su nombramiento y su futuro político. Esas instituciones están en vilo y con la reforma electoral propuesta esta vez, están francamente en proceso de desahucio. 

 

Luego, también como ejemplo, se propone desaparecer la figura de los legisladores plurinominales. Esta figura legislativa que apareció con la reforma Constitucional de 1977, que introdujo las primeras figuras de representación proporcional en la Cámara de Diputados para partidos minoritarios. 

 

Con la reforma de 1986 aumentó el número de diputados de representación proporcional; con la Reforma de 1993 se creó formalmente la figura de los senadores plurinominales. 

 

Los plurinominales nacieron de las reformas políticas que buscaban la pluralidad, consolidando un sistema mixto para la integración del Congreso de la Unión. Se favorecía a los partidos minoritarios. 

 

Pues nada, que con esta reforma se desaparecería la figura que da oportunidad a esos partidos minoritarios de entrar a las Cámaras legislativas. Esto amenaza sobre todo a partidos como el Partido Verde y el Partido del Trabajo que de por sí deben su vida a su conexión con Morena, pero que aun así buscan obtener gubernaturas y legisladores para su supervivencia y, por supuesto, presupuesto. 

 

De ahí que ambos partidos hayan pegado el brinco amenazando con no votar en favor de la reforma propuesta por Claudia Sheinbaum, y amenazando con boicotear esta iniciativa. Va de por medio su subsistencia. Y sin embargo no pasará nada. Cederán. Negociarán para sí. Priorizan sus intereses personales, no los del país. La reforma electoral se aprobará porque para los políticos de estos partidos importa más su propia ambición de poder y dinero: No el país. 

 

Ambos negociarán en lo oscurito con quien mejor les convenga. Antemano han dicho que no quieren tener tratos ni con Adán Augusto López ni con Ricardo Monreal, los dos morenistas muy mal averiguados, extremadamente ambiciosos de poder y amenazantes.

 

Por su parte Claudia Sheinbaum dijo que su objetivo es disminuir los costos electorales, garantizar la representación de minorías y mantener la autonomía del Instituto Nacional Electoral (INE), rechazando así las acusaciones de que la reforma pretende restar libertades o debilitar instituciones democráticas. Y reafirma lo mismo que dijo cuando se buscaba aprobar la reforma Judicial: no hay autoritarismo en esto. 

 

Si lo hay. Y está en grave problema la incipiente democracia mexicana. El grupo en el poder quiere todo para sí y a largo plazo: Poder y gobierno permanentes. Mientras, los partidos de oposición no tienen ni voz ni voto, su inexistencia o debilidad contribuyeron a este panorama insospechado y peligroso para todos los mexicanos.

 

Malos presagios se ciernen para todos en México. Y cuando se dice ‘todos en México’ incluye también a las huestes morenistas que no perciben el dramático momento político que ya se vive en nuestro país. 

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