Muerte de mujeres por los jóvenes extremistas Incel, nueva faceta del odio y violencia machista

DETRÁS DE LA NOTICIA

Alfredo MARTÍNEZ DE AGUILAR

 

* La violencia por odio a las mujeres generalmente se da en hijos no deseados, no amados y, sobre todo, no respetados y, en los peores casos, golpeados y abusados sexualmente a nivel familiar.

* ¿Sin embargo, por qué, incluso, mujeres profesionales, con amplia formación escolar aceptan ser odiadas y violentadas económica, sicológica y físicamente por sus parejas y compañeros de vida?

 

La subcultura de la violencia que prohíja agresiones permanentes y la muerte de mujeres es la expresión más brutal del odio machista que en su origen forma parte del odio a la figura materna. 

 

Una nueva faceta de esta subcultura es la comunidad Incel del inglés involuntary celibate o celibato involuntario en línea asociada con la misoginia, la supremacía masculina y, el extremismo.

 

Se caracteriza por una ideología que culpa a las mujeres de su falta de relaciones sexuales y perpetúa creencias extremistas, siendo vinculada con actos de violencia en Norteamérica.

 

La violencia y extremismo misógino considera a las mujeres inferiores y culpables de su «fracaso» sexual y el sentimiento de desesperanza mezclan nihilismo y sensación de fracaso personal.

 

El Southern Poverty Law Center (SPLC), Centro Legal para la Pobreza Sureña, la clasifica como parte del ecosistema del creciente odio digital en internet la supercarretera de la información.

 

Su nefasta manifestación en México es el reciente asesinato de dos profesoras de un bachillerato privado en el municipio de Lázaro Cárdenas, Michoacán, por un estudiante adolescente de 15 años. 

 

A pesar de ser hijastro de un marino este no se percató que grabó un video con el fusil de asalto AR-15, usado por el crimen organizado y el narcotráfico, que difundió en su perfil horas antes del ataque.

 

Menos se enteraron las autoridades educativas donde estudiada el adolescente o los elementos de la Policía Cibernética. Hoy se rasgan las vestiduras y ponen hipócritamente el grito en el cielo.

 

A riesgo de incomodar a las buenas conciencias y a los políticamente correctos es nuestra convicción personal poner el dedo en la purulenta llaga social de la violencia contra las mujeres.

 

Y lo hacemos por la simple y sencilla razón que a diferencia de otros tenemos mucha madre, además de que Dios y la vida nos bendijeron con tres hijas deseadas, amadas y respetadas.

 

La violencia por odio a las mujeres generalmente se da en hijos no deseados, no amados y, sobre todo, no respetados y, en los peores casos, golpeados y abusados sexualmente a nivel familiar.

 

¿Sin embargo, por qué, incluso, mujeres profesionales, con amplia formación escolar aceptan ser odiadas y violentadas económica, sicológica y físicamente por sus parejas y compañeros de vida?

 

Esta es la otra cara de una emoción altamente negativa, falta de autoestima, inseguridad y miedo al abandono y dejar a sus hijos sin padre en las mujeres que permiten ser odiadas y violentadas.

 

alfredo_daguilar@hotmail.com

director@revista-mujeres.com

@efektoaguila

 

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo no será publicada.


*