
LA X EN LA FRENTE
Moisés MOLINA*
Una de las mejores experiencias de mi vida fue haber ganado en 1997 el Certamen Nacional de Oratoria “Dr. Belisario Domínguez” en Comitán, Chiapas.
Todo orador sabe que una de las partes del discurso que puede definir el rumbo de las competencias es el epílogo, la parte final, el cierre.
Y creo que a mi epilogo en el discurso improvisado de aquella competencia le debí decisivamente la victoria.
Era yo, en aquellos años, estudiante de Derecho y “los mandamientos del abogado” de Couture me tenían cautivado.
Quien los conoce estará de acuerdo conmigo en su fuerza y su vigencia. Son atemporales.
Para mi cierre utilicé el octavo de ellos:
“Ten fe en el Derecho, como el mejor instrumento para la convivencia humana; en la justicia, como destino normal del Derecho; en la paz, como sustitutivo bondadoso de la justicia; y sobre todo, ten fe en la libertad sin la cual no hay derecho ni justicia ni paz”.
Esto fue escrito en 1939, al tiempo en que el mundo se enfrascaba en una segunda gran guerra demostrando que la primera no había servido de escarmiento.
Hoy, este octavo mandamiento resuena con estruendo.
Lo que ha ocurrido en Venezuela, incluida su dictadura exhibe la derrota de la cultura occidental completa.
Es una derrota del derecho (sin distingos entre interno e internacional), de la justicia, de la paz -por supuesto- y de la libertad.
Es la derrota de la democracia.
En una palabra es la derrota del género humano y de la cultura.
El líder de la primera potencia mundial está haciendo palidecer a Luis XIV, aquel que dijo “El Estado soy yo”.
Al Presidente Trump solo le falta decirlo: “El mundo soy yo”, o por los menos “América soy yo”.
Este parece ser el nuevo orden internacional. Un nuevo arreglo entre potencias próximas a repartirse buena parte del mundo sin consecuencias. Un nuevo pacto silencioso donde cada nuevo conquistador hace lo que quiere y hasta donde puede.
En lo que nos atañe, nuestro vecino del norte ya marcó territorio y el destino de México está sellado.
Solo nos queda endulzarlo con buena retórica porque la fuerza de los hechos es incontestable.
Retrocedemos siglos a la ley del mas fuerte y no queda más que esperar a que la reda de la historia dé la vuelta nuevamente a la edad de la razón.
Cuando Luigi Ferrajoli escribió “Por una Constitución para la Tierra”, muchos sonrieron casi compadecidamente.
Tal vez vaya siendo hora de tomarlo en serio, porque la idea de un gobierno mundial que trascienda el viejo concepto de soberanía está en vías de dejar de ser solo una buena idea para convertirse en una necesidad que proteja a la civilización de los caprichos de los poderosos.
Cualquier variante de supremacismo en cualquier parte del mundo y a cualquier escala es mala. La historia lo ha demostrado.
Y por el momento tenemos que seguir estudiando, discutiendo y enseñando mucho sobre democracia, Derecho, justicia y política para que mejores mundos posibles sigan vivos esperando voluntades que quieran hacerlos posibles.
Hay que renovar la fe en el Derecho, la justicia, la paz y la libertad para que la luz de la razón no sea eclipsada por la fuerza bruta.
Por el momento es la mejor forma de seguir postergando que las armas nucleares pronuncien sus discursos.
*Magistrado Presidente de la Sala Constitucional y Cuarta Sala Penal del Tribunal Superior de Justicia.

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