
Joel Hernández Santiago
Fue en el peor momento, en el peor lugar y con una petición inverosímil. El expresidente Andrés Manuel López Obrador sale a la palestra política -porque el tema es político- para pedir ayuda económica a los mexicanos y ayudar al gobierno cubano a salir de la crisis política, social y económica en la que está hundido el pueblo de Cuba, sí, nuestros hermanos cubanos.
Ya antes había salido de su retiro físico en Palenque, Chiapas, para defender y apoyar a Nicolás Maduro en Venezuela. Un gobierno que era dictadura y que polarizó y persiguió a los venezolanos, también pueblo hermano, también latinoamericano. Y se dice retiro físico de AMLO porque el retiro político no existe. Él sigue ahí, dando lata, como si no hubieran terminado sus seis años de gobierno.
Pero esta vez al ex presidente le llovieron críticas por todos lados, tanto de tirios como de troyanos, tanto de oposición o fieles seguidores de Morena-4-T. Y es algo que seguramente ya percibió el gobierno de la 4-T, porque eso significa baja popularidad y significa votos. El dilema es, ¿por quién podrían votar los mexicanos que no se encuentran con el actual gobierno?
Cada día más, la gente de a pie sabe que el país mexicano que dejó el ex presidente está hecho polvo en materia de seguridad, con narcotráfico galopante, falta de trabajo formal, con una economía dañada por aquellos gastos extraordinarios para obras faraónicas inútiles; con pobreza que produce votos, con una inflación creciente que asimismo hace polvo los tan propagados aumentos al salario mínimo… tanto que hay que resentir como no olvidar, sin menosprecio del ideal de izquierda histórico; izquierda que hoy tampoco existe en el gobierno mexicano.
Ya se amenaza con recurrir al bolsillo de los mexicanos para apoyar una causa más política que solidaria con el pueblo cubano. Ya se dice que se exigirán cuotas de “aportación” para “la causa cubana” a trabajadores de gobierno de todo el país, sobre todo en los que gobierna Morena-4-T.
Durante muchos años, sobre todo aquellos que crecimos con el ideal de un gobierno de izquierda, socialista, siguiendo el ejemplo de Cuba, veíamos casi con veneración lo que debería ser un gobierno del pueblo para el pueblo, con justicia, igualdad, desarrollo, crecimiento económico y social, con ciudadanos felices porque todo estaba “cumplido todo para todos”; un gobierno antiimperialista y en contra del capitalismo rabioso y furibundo…
Todo eso era -para muchos jóvenes de entonces- como ideal de vida. Sobre todo porque por aquellos años en México predominaba la dictadura de un solo partido: El Partido Revolucionario Institucional, omnipresente, extremadamente predominante y muchas veces represor. La terca realidad mostraba abusos de poder, corrupción y silencio temeroso.
Para muchos, Cuba era nuestra solución. Nuestro emblema… Devorábamos gustosos la obra de Karl Marx, de Federico Engels, de Lenin… tanto más. Era nuestro catecismo político e ideológico, el que -decíamos- ya está fructificando en Cuba.
Poco a poco, quienes manteníamos el ideal de izquierda para nuestro país, vimos cómo Cuba, que tanto queremos, pasaba del ideal a la realidad: Pérdida de libertad de expresión, pérdida de derechos propios del ser humano, supra ideologización, pérdida de derechos democráticos…
Y lo peor, un gobierno cubano que no supo llevar a cabo programas de desarrollo económico o social de largo plazo. Programas que hicieran que el país produjera mucho de lo que consume para su sustento alimentario y de salud y de educación.
Durante años se supo que había altos niveles de producción de azúcar y de productos propios de la geografía cubana; educación y de salud en la isla de alta calidad también se decía.
Al mismo tiempo ocurrían las restricciones a la libertad de pensamiento que contradecían la calidad educativa. El pensamiento único era la regla, a pesar de la inconformidad de los pensantes cubanos que no podían salir o regresar a la isla, y de ocurrir lo hacían con reglas estrictas y amenazantes.
Para los izquierda mexicanos poco a poco aquello negaba los ideales del socialismo justiciero, con derechos y libertades a salvo. Y sin claudicar de la vocación cuyo corazón late a la izquierda, también veíamos que el fracaso no del pueblo cubano; pero sí de sus gobernantes que no supieron gobernar con el pueblo y para el pueblo, con base en eso: libertades, derechos, democracia…
Si. Es cierto. Los mexicanos estamos obligados a ayudar al pueblo cubano. A cada uno de ellos. En sus necesidades básicas, en sus necesidades urgentes, en su ansia de recuperarse para sentirse ciudadanos con derechos y libertades, democracia y gobierno abierto. Y si el pueblo cubano quiere que su gobierno corra hacia la izquierda que sea, pero una izquierda a su medida y con la vida solucionada, como quieren todos los hombres libres de la tierra.
López Obrador y el actual gobierno de la 4-T, apoyan al régimen cubano el que, de un tiempo a esta parte, vive de lo que le aportan países como Venezuela, México… Esto porque ese mismo gobierno -lo dicho- no diseñó programas de desarrollo sostenido y de economía sustentable. Lo de todos, para todos. Para no tener que depender de la ayuda internacional en lo que ellos mismos echaron a perder: ese ideal, si, vigente, pero en el que es evidente el fracaso en Cuba.
No hagamos caso al llamado del gobierno de EUA, que quiere solucionar todo mediante la fuerza, la presión, la amenaza, el bloqueo, los aranceles. Eso también es criminal. La ambición gringa es insaciable.
(Aunque por su parte Díaz-Canel ya acudió al llamado y decidió abrir la economía cubana al capital extranjero-cubano-EUA)
En tanto AMLO ya se dio cuenta de que ya no las tiene todas consigo, y de ahí la defensa que ya ha hecho Palacio Nacional de él.
Y no es para festejar fracasos políticos de nadie, pero sí para aprender la lección de vida: O se gobierna con la verdad, la igualdad, la justicia, la democracia y los derechos y libertades a salvo o todo se encaminará al fracaso histórico.

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