AMLO, MUJERES, CARGOS PÚBLICOS Y RENUNCIAS

 

Eduardo de Jesús Castellanos Hernández

 

Las reivindicaciones más escuchadas recientemente en materia de igualdad o paridad de sexos o géneros -según la posición doctrinal o ideológica que se adopte o el grupo al que uno se adscriba-, han sido en materia de violencia en contra de las mujeres tanto en espacios públicos como en la vida familiar. 

 

Reclamos a todas luces legítimos que, a su vez, en ocasiones han degenerado en violencia urbana, aunque no se sabe si espontánea o prefabricada por intereses ajenos a la causa feminista solo para descalificarla -como ahora empieza a ocurrir en otros campos, dicen hasta los gobernadores-. Pero, al parecer, el presidente de la república tiene otros datos.

 

Por esto resulta conveniente poner atención a las recientes renuncias de una subsecretaria en el sector Salud y de dos funcionarias más; cada una de ellas con una formación profesional a todas luces valiosa y una trayectoria profesional destacada. Pesquisa necesaria, creo yo, para averiguar si estamos frente a nuevos casos de violencia en contra de las mujeres, de violencia solo entre mujeres y permitida por mujeres o más bien frente a un ejercicio despótico del poder contra el cual las mujeres -al igual que los varones- parece que poco pueden hacer.

 

Por cuanto a la subsecretaria de Integración y Desarrollo del Sector Salud, quien había ocupado el cargo de secretaria de Salud en el gobierno local de la CDMX cuando AMLO fue jefe de gobierno, de manera expresa su jefe máximo dijo que, ante desacuerdos profesionales prefirió la opinión de los varones -el secretario de Salud y otro subsecretario- y optó por la renuncia de su colaboradora mujer. 

 

Igualmente controvertida -pero, tal vez, más- es otra de las renuncias, generada por la incomodidad de la esposa del presidente de la república, porque un humorista hizo alguna broma -ahora se le llama bulliyng– a costa del hijo menor de ambos, que trascendió no sólo al cese, disfrazado de renuncia, de la funcionaria, sino también al despido del humorista de su trabajo en una empresa privada. Ahora resulta que los humoristas ya no pueden hacer bromas, aunque éste por lo menos debe agradecer que no lo mandaron golpear como le pasaba a Palillo cuando decía en su carpa cosas que también incomodaban a los poderosos.

 

Como ya está visto ahora que a la señora presidenta o primera dama o como se le pueda llamar, no le gusta que sus asuntos públicos se discutan en público -y mucho menos ser criticada- y como está visto también que su esposo, en este punto, es más bien condescendiente frente a dicha molestia -aunque en el lenguaje popular se le pudiese llamar de otra manera-, todo indica que el asunto pudiese quedar pronto en el olvido; si no fuese porque está tan enojado el esposo que ahora hasta amenaza con desaparecer toda una oficina llamada Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación. 

 

La tercera renuncia -la oficina se llama Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas- se intenta explicar, como suele suceder también cada vez con mayor frecuencia, con una mezcla de ahorro en el gasto público y disciplina ante los dictados de la nueva nomenklatura; o, mejor dicho, para ocultar la exigencia de dicha disciplina.

 

En resumen, el señor presidente de la república expresamente ha dicho, entre otras muchas cosas que dice todos los días, dos que vienen al caso (en los tres casos aquí comentados) -palabras más, palabras menos-: están conmigo o están contra mí y el que no coincida con la 4T que se vaya. Mejor ejemplo de patrimonialismo en el ejercicio de la función pública sólo en la 4T podemos encontrar muchos más.

 

Concluyo esta nota breve -tan breve como la de doña Irma Eréndira Sandoval para auto exculparse junto con su cónyuge de todo lo que dicen quienes los observan- advirtiendo, por lo pronto, sólo la dificultad que tengo y mantengo para comprender los otros datos con que el señor presidente maneja los asuntos públicos cuando se trata de mujeres.

 

Ciudad de México, 26 de junio de 2020.

Eduardo de Jesús Castellanos Hernández.

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