
La promesa de reforma migratoria hecha por el presidente Joe Biden se desvanece en el Senado, al tiempo que pasan los meses y se acercan las elecciones de medio término del primer martes de noviembre cuando los electores acudan a las urnas para renovar la Cámara de Representantes y un tercio de la Cámara Alta.
Tras la aprobación en marzo del año pasado de dos proyectos de ley bipartidistas en la Cámara Baja, que incluyeron un camino a la ciudadanía para unos 7 millones de indocumentados, el debate se detuvo en el Senado.
Para aprobar una ley se necesitan 60 votos y tanto demócratas como republicanos tienen 50 cada uno. El empate lo rompe la vicepresidenta Kamala Harris y los republicanos se oponen a la reforma migratoria mientras persista, dicen, la crisis en la frontera con México.
Al no contar con apoyo de la oposición los demócratas echaron mano a una vieja herramienta legislativa conocida como paquete de reconciliación para aprobar el paquete de gastos, que tampoco cuenta con votos republicanos.
“Es aquí donde se busca incluir la legalización de millones de indocumentados”, dice Lia Parada, directora de asuntos legislativos de Immigration Hub, organización que asesora al senador Charles Schumer (Demócrata por Nueva York y líder de la Cámara Alta) en el tema de la reforma migratoria.
Pero para hacer realidad la reforma migratoria, primero debe aprobarse la ley de gasto social y luego incluir una enmienda migratoria.

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