Adán Augusto: Entonces y ahora. 

 

Joel Hernández Santiago

 

El viejo dilema: ¿El poder cambia a las personas o las contamina y las transforma en lo que en verdad son? ¿O es que ese humanismo se transforma en razón a lo que otros quieren que uno sea? O acaso sea aquello de que “el poder no cambia a las personas, sino que las desenmascara”.

Todo esto viene al caso por la renuncia del político tabasqueño Adán Augusto López Hernández a la Coordinación de Morena en el Senado de la República y a la Junta de Coordinación Política. 

Lo conocí hace años en Tabasco, gran amigo del periodista Pepe Chablé, amigo común, quien nos presentó. No nos hicimos amigos pero por mi parte veía en su trato una gran cordialidad, bonhomía, sencillez, acaso humildad y siempre inteligencia. Por entonces lo percibía como un político priista con muchas ganas de participar y trabajar en favor de Tabasco. 

Lo recuerdo dialogando con grupos de sus amigos en el lobby de un hotel en el paseo Adolfo Ruiz Cortines, cordial e inteligente, siempre con afirmaciones interesantes y puestas en razón. Hablaba, claro está, de la política, su pasión… Y como todo tabasqueño, reían, bromeaban y adelante… 

Luego de años sin verlo, un día de pronto era gobernador el estado (Enero de 2019). Pensé que haría un excelente trabajo dado el conocimiento que tenía de él en aquellos días. Me dio gusto. Pero pronto hubo desencanto entre los tabasqueños. 

Sin embargo no estuvo en el cargo mucho tiempo porque a los dos años el presidente López Obrador lo llamó a México para hacerse cargo de la Secretaría de Gobernación (Septiembre, 2021). Un cargo por otro. Una cercanía con su amigo de muchos años tabasqueños. Ambos se entendían bien porque habían vivido experiencias familiares y políticas muy cercanas. Hablan con el mismo acento, tienen los mismos gustos por origen y se entienden bien… 

En algún momento del camino el poder político de Adán Augusto creció de forma estratosférica. Si, tenía una enorme responsabilidad: la política interna del país. 

Al mismo tiempo él se iba transformando. Sus participaciones políticas eran tronantes con frecuencia; eran de negociación dura y de defensa de un proyecto político más que de defensa de los intereses nacionales. Pero era una forma de ser que no distaba mucho de los que han ocupado el mismo puesto a lo largo de la historia moderna de México, y priistas o panistas. 

Por su cercanía con López Obrador, el presidente de México adquiría un poder inalcanzable, no sólo por el puesto, sino porque AMLO y él estaban en gran sintonía y el presidente mostraba su afecto por Adán Augusto, al que llamó “mi hermano”.

Era el hermano político preferido del presidente. Y Adán lo sabía y se entronizaba; se volvió arrogante, soberbio, atrabiliario, hosco. Los integrantes del gabinete lo sabían: tenían que mantener cordialidad y obediencia al hermano del presidente. Acumuló enemigos.  

En 2023 el presidente López Obrador dio a conocer algunos nombres de “Las corcholatas”, como les llamó y quienes serían los aspirantes a ocupar su lugar cuando concluyera en 2024. Era un “destape” muy anticipado. Ilegal. Porque se les lanzaría a hacer campaña anticipada para saber cuál sería la preferencia del pueblo, aunque el mismo López Obrador, en su malevolencia, ya tenía decidido quién sería su sucesor, a pesar de aquel proceso desgastante, costoso y dramático. 

Adán Augusto hizo campaña, junto con Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum, quienes iban a la cabeza de la lista. Ganaría quien el ex presidente decidió. 

A pesar del fracaso, Adán Augusto mantenía su poder intacto. Su hermandad con López Obrador lo mantenía fuerte, poderoso, inamovible. Los políticos mexicanos lo sabían y asumían con obediencia esa supremacía. Obedecían y callaban. 

Al cambio de sexenio, López Hernández fue nombrado senador de la República y coordinador de la Junta de Coordinación Política del Senado. Toda la fuerza política, incluso para saltase las trancas y no obedecer el mandato presidencial en esa relación contaminada entre poderes en México. Con la fuerza de López Obrador no miraba hacia Palacio Nacional, si hacia Palenque, Chiapas. 

Negociaba de forma dura. Imponía. Amenazaba bajo el agua. Compraba voluntades. “Gran negociador político” se decía.

Comenzaron a aparecer problemas en la vida política de Adán Augusto que ya para entonces se había transformado en un hombre duro, insensible, intratable, de artimañas que llevaron a modificar la integración cameral en favor Morena y la aprobación de leyes que de manera democrática no se hubiera conseguido. 

Y apareció de pronto el tema de “La Barredora” en Tabasco, y la presunta protección que había dado a Hernán Bermúdez Requena, quien fue acusado de liderar al grupo criminal vinculado al Cártel Jalisco Nueva Generación. El nombramiento de Bermúdez durante el gobierno de López Hernández desató cuestionamientos sobre la responsabilidad política por permitir el ascenso de un funcionario señalado por actividades delictivas.

Luego vino el debate por los Ingresos millonarios no declarados (79–80 millones de pesos) entre 2023 y 2024 de varias empresas privadas; ingresos que no fueron reflejados correctamente en sus declaraciones patrimoniales ni fiscales ante el SAT, según la investigación.

Luego López Hernández reconoció los ingresos elevados y afirmó que corresponden a herencia paterna y honorarios de notaría, y que todo está “debidamente declarado”, la discrepancia entre lo reportado y lo obtenido generó críticas y acusaciones de falsear su declaración patrimonial.

Otros problemas sin aclaración crearon una imagen dañina para Morena y para el gobierno de Claudia Sheinbaum que le mantenía la protección de AMLO pero ya no por mucho tiempo, como ocurrió apenas este domingo. 

A la imagen de aquel Adán Augusto López Hernández en Tabasco, aquellos años, contrasta la reciente en cuyo rostro se refleja el paso del tiempo político: dureza. Un hombre que sabe que es un problema y al que se manda a hacer “trabajo territorial” en favor del Movimiento Morena con rumbo a las elecciones de 2027 en vista del actual deterioro de este partido en todo el país… 

Sí, es lamentable esta transformación… ¿Cuántos años desde entonces? No tantos. ¿O no fue transformación?

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