¿CELEBRAR LA CONSTITUCIÓN?

Moisés MOLINA*

En México amamos el Día de la Constitución porque nos regala un puente.

 

Pero con cada generación se percibe menos la razón de destinar un día de nuestro calendario para “celebrar” nuestra Constitución.

Si nos preguntáramos en este instante ¿Qué es una Constitución? Y más en específico ¿Qué es la Constitución mexicana?, difícilmente llegaríamos más allá de la mera referencia nuestra “ley fundamental” o referencias similares.

Y es no es que definir una Constitución resulte sencillo, incluso para los especialistas. De hecho batallaríamos al tratar de explicar por qué se escribe con mayúscula.

Celebrarla en el calendario oficial denota la importancia de tenerla siempre presente, todos los años.

De hecho casi todos los países del mundo tienen su “Día de la Constitución”.

Y es que el concepto de Constitución puede explicarse desde varias dimensiones.

Desde lo jurídico, como la norma jurídica suprema de todo sistema de la cual derivan todas las demás, desde las leyes ordinarias hasta las sentencias de los jueces.

Desde lo político, como un catálogo de límites al poder para que no atropelle al individuo ni a las minorías.

Desde lo social, como un corpus de valores que nos definen como colectividad que aspira a vivir juntos y bien.

Sin ser exhaustivos, creo que estas tres dimensiones posibilitan el mejor entendimiento de la importancia del 5 de febrero en la conciencia colectiva.

Es interés de todos los gobiernos celebrar el día de la Constitución, porque ella es el origen de su legitimidad.

Hoy por hoy, sin constitución no hay gobierno, y por encima o al margen de lo que diga la Constitución hay malos gobiernos.

La de 1917 es la Constitución que hoy celebramos, pero hoy tenemos una muy diferente a la de ese entonces.

 

La nuestra es una de las constituciones más reformadas del mundo y hemos decidido meter en ella materias que son propias de reglamentaciones secundarias, como la prohibición de los vapeadores.

Hemos también decidido volverla contra ella misma dotándole de restricciones a derechos que por ella se protegían ampliamente, como el derecho a la libertad con la figura de la prisión preventiva oficiosa.

Una de las notas definitorias de las constituciones es la rigidez, la dificultas en el procedimiento para reformarlas. Y desde hace tiempo nuestra constitución dejó de serlo.

En la Constitución debemos caber todas y todos, pero si se queda solo en palabras, nuestro destino común se queda suspendido en el tiempo.

Dicen que fue Jaime Torres Bodet, político y literato de la hoy Ciudad de México, el que definió constitucionalmente la democracia en el artículo 3º, “no solo como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”.

Pareciera un pedazo de poesía, pero está en la Constitución, al menos desde 1917, y nos dice mucho de lo que nos falta por hacer.

*Magistrado Presidente de la Sala Constitucional y Cuarta Sala Penal del Tribunal Superior de Justicia de Oaxaca.

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