Carlos Manzo, dos meses y nada… o casi. 

 

Joel Hernández Santiago

 

Ya van poco más de dos meses desde el atentado en contra del ex alcalde de Uruapan, Michoacán, Carlos Manzo, y aun no se conoce bien a bien el quiénes y por qué del homicidio que costó la vida a uno de los personajes políticos regionales más querido y más reconocido en su entidad y fuera. 

 

Era un alcalde cercano a su pueblo; pragmático y honesto; cargado de una gran emoción por ayudar a su gente, a desarrollarse, a crecer como individuos y en comunidad. 

 

Todavía se le ve en videos cuando se acercaba a los muchachos de escuela para incitarlos al estudio, al esforzarse, a “echarle ganas”, y lo decía de forma auténtica, no con esa simulación a la que son tan proclives los políticos de incubadora; o cómo Manzo caminaba entre la gente para escucharla y atender sus saludos y sus requerimientos de gobierno. 

 

Siempre tenía palabras para ellos; siempre estaba dispuesto a dar sentido a un gobierno que no era de puertas abiertas, porque gobernaba al aire libre, a su aire, a su emoción y a su deseo por sentir la vibra de quienes estaban alrededor. Y gestionaba sus requerimientos. Y vigilaba que se cumplieran. No permitía la haraganería ni la traición… no estaba en él el concepto de traición… 

 

Pero lo traicionaron. De una u otra manera lo traicionó la ambición de poder, lo traicionó quien cobró por contribuir para aniquilarlo. 

 

Lo traicionó la política. Lo traicionó el gobierno federal y estatal porque no atendieron sus exhortos para que le ayudaran, para que lo protegieran ante amenazas contundentes en contra de él o su familia… Para garantizar la seguridad en su municipio. Lo escucharon pero no hicieron nada por él ni por Uruapan mientras él gobernara. 

 

Es que ¿sabe usted? Era un político independiente, no pertenecía a Morena, que gobierna el estado de Michoacán, y no pertenecía a Morena, que gobierna al país. 

 

Su independencia le costó la más elemental de las traiciones, la de quienes gobiernan sólo para quienes son sus afines, ya al gobierno o al partido en el poder: los demás resultan parias, olvidados, marginados, despreciados y acusados de conservadurismo o de ser “emisarios del pasado”, en lo que este gobierno se asemeja al echeverrismo priista que tanto deploran. 

 

Marginaron a Carlos Manzo y lo saben. Un político que representaba un riesgo para las imposiciones a las que está acostumbrado el poder político en México. Podía haber sido gobernador y eso podría no estaba en los planes del gobierno federal y estatal. 

 

Una vez muerto aparece la presidente Claudia Sheinbaum lamentando lo ocurrido; aparece el inútil gobernador de Michoacán, Alfredo Bedolla para lamentar lo ocurrido y decir que siempre lo apoyó… 

 

Hoy se hacen cruces para que Omar García Harfusch, del que tantos aciertos aplaudimos, pero del que lamentaríamos que se prestara a una mentira de Estado para ocultar culpabilidades en el caso Manzo que, de ser ciertas, dañarían al partido en el poder y a la 4-T.

 

Ya vimos desde la pandemia de Covid 19 cómo el gobierno 4-T prefiere la muerte excesiva a salir de sus caprichos, de su esquema de gobierno y mantenerse en el poder. Ya hemos visto cómo en aras del “abrazos no balazos” han ocurrido un sinfín de muertes dolosas en un país en donde hay familias enteras dolidas por la política de gobierno insana, la de mirar hacia otro lado en tanto no le perjudique políticamente: el poder por el poder, primero que la vida humana. Ya los vemos cómo niegan y niegan los altos índices de personas desaparecidas en el país. 

 

Omar García Harfuch tiende sus líneas de investigación hacia el crimen organizado como origen del homicidio de Carlos Manzo. Ha detenido a ocho presuntos involucrados en el asesinato. Todos relacionados con ese aspecto de la investigación. No lo ha probado de forma contundente. Siguen siendo sospechosos o presuntos involucrados o presuntos criminales… 

 

Los dos detenidos más recientes el 8 y 9 de enero son “presuntamente involucrados en el asesinato…” Samuel “N” y Josué Elogio “N”, alias “Viejito”, ambos con antecedentes penales. Otros más, según el reporte, están en el mismo sector:  “Jorge Armando “Licenciado”: líder del grupo y uno de los autores intelectuales del crimen; Ricardo “N”: persona encargada del traslado de los integrantes tras la agresión a Carlos Manzo; Jaciel Antonio “El Pelón”: reclutador de personas para actividades criminales; Gerardo “N” y Flor “N”: colaboradores de la célula delictiva; Alejandro Baruc “K-OZ”: jefe de célula generadora de violencia con operación en la región, relacionada con homicidios, extorsión y venta de droga.”

 

Y lo dijo el mismo García Harfuch: “El compromiso del gobierno de México es llegar a la verdad y esclarecer este crimen cometido por la delincuencia y que ha sido doloroso para Michoacán y para nuestro país”, dijo. Y subraya: “Las detenciones debilitan de manera significativa a esta célula delictiva generadora de violencia en el estado de Michoacán.”

 

Esto es: su línea de investigación es hacia el crimen organizado y la delincuencia. Para nada, en ningún momento, la línea política. Lo político no se toca. La muerte de un político que necesariamente tiene que estar por el lado del crimen organizado, no del político. ¿Por qué? ¿Pudo ser este el origen del homicidio de Manzo? ¿O no? 

 

Sería mucho más saludable para el gobierno de la 4-T decir la verdad: quiénes y por qué mataron a un político que estaba a la altura de su propia conciencia, su propio sentido de la justicia social, de su vocación cierta de servicio y su gobierno de transparencia para todos: ahí sí, gobernando con el pueblo. ¿De cuántos políticos, hoy mismo en México, se podría decir lo mismo?

 

Omar García Harfuch es un hombre honorable, también. Ojalá no se deje seducir por el poder político y no transforme su vida para negar verdades que son históricas.

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