8-M: Paisaje después de la batalla.

 

Joel Hernández Santiago

 

Según estimaciones oficiales, el domingo 8 de marzo, “Día Internacional de la Mujer”, marcharon y llegaron al Zócalo de la Ciudad de México aproximadamente 120 mujeres. Se diría que fue un éxito de convocatoria y presume la jefa de Gobierno, Clara Brugada, que “hubo saldo blanco”. Bien. 

 

Otras manifestaciones para conmemorar este mismo día ocurrieron en distintos estados de la República, en algunos de ellos no tan pacíficos, como fue el caso de Oaxaca en donde el famoso “bloque negro” derribó las vallas de contención, hizo pintas y causó daños a tiendas de conveniencia y banco. Así en otras capitales del país. 

 

Aunque también es cierto que el grueso de los contingentes lo hicieron de forma pacífica aunque sí, con estruendo, enojo, con indignación, con rabia y coraje e impotencia porque cada vez son más los casos de agravios a la mujer en México. Desapariciones, feminicidios, abusos o acoso en su contra en el país, sin que la autoridad, ni el gobiernos federal, estatales o municipales tomen con seriedad ni las denuncias de las mujeres dañadas ni el fenómeno de escarnio a las mujeres. 

 

Existen cientos de “carpetas de investigación abiertas” que no se atienden o que se soslayan y se eternizan. Aun peor es el caso de las mujeres desaparecidas o asesinadas sin procesos de investigación. 

 

México es que en un país  con aproximadamente 134 millones de habitantes en 2025 y en el que por lo menos hay 70 millones de mujeres, son la mayoría según estimaciones oficiales, aun así mucho parece estar en contra de ellas, a pesar de las famosas políticas de apoyo y defensa de la mujer, como es esa Secretaría de la Mujer que no sirve absolutamente para nada y que le cuesta al erario una buena cantidad de millones de pesos para hacer promoción oficial al gobierno de la 4-T.  

 

Es cierto que mucho han conseguido las mujeres para posicionarse. De un tiempo a esta parte, desde el gobierno mexicano, se ha generado una política que, se dice, es “de mujeres”. 

 

Cuando la presidente de México, Claudia Sheinbaum asumió su cargo, dijo en su discurso, a las mujeres: “Llegamos todas”. No es así, pero de todos modos ese es el tinte que se le quiere dar a un gobierno presidido por una mujer por primera vez en la historia. 

 

Pero no llegaron todas porque, por ejemplo, están ahí, las Madres Buscadoras, las que luchan y sufren al buscar a sus seres queridos de los que no han tenido noticias ni apoyo para encontrarlos una vez que han desaparecido. Ellas no llegaron al poder, porque ni siguiera se les recibe en los salones de Palacio Nacional, mucho menos en el Palacio de Covián y muchísimo menos en la Secretaría de la Mujer.

 

Hoy muchas mujeres ocupan puestos de relevancia y cargos en distintas áreas de gobierno, como en el legislativo y el judicial. Sin embargo, en su mayoría el tema de la equidad de género se ha politizado y se impone en esos menesteres a mujeres afines a la 4-T-Morena, sin que eso signifique igualdad de género, porque esa igualdad no necesariamente tiene que ver con la cantidad de mujeres en gobierno,  y sí debe ser cualitativa. No en competencia con el hombre, porque no se trata de eso. Sí de justicia y equidad, respeto y trabajo hombro con hombre, mujeres y varones.  

 

La justicia es selectiva. Y es letal. Porque mientras estas mujeres, madres buscadoras, esposas, hermanas, familiares de desaparecidos buscan a sus seres queridos, también exigen justicia. Aunque a muchas de ellas las han ultimado fuerzas extrañas que las quieren callar (hasta 2026 al menos 35 madres buscadoras fueron asesinadas la mayoría durante los últimos siete años).

 

Esto es: No se conoce con exactitud la cifra de madres buscadoras hasta 2026, porque es un movimiento ciudadano en constante crecimiento y muchas familias operan de manera independiente o bajo el anonimato, por seguridad. 

 

No obstante se tienen datos oficiales de que en México hay más de cien colectivos de madres o familias buscadoras en un contexto en el que 2025 cerró con un acumulado que supera las 130 mil personas desaparecidas o no localizadas, lo que implica un número creciente de madres-mujeres buscadoras  porque las desapariciones diarias en México se incrementaron en los años recientes. 

 

Aparte: Entre enero de 2019 y enero de 2026, se registraron 6,440 feminicidios en México, según informes basados en datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Tan sólo durante 2025 se registró un promedio de 1.8 feminicidios diarios, siendo Sinaloa, Ciudad de México, Estado de México, Chihuahua y Morelos en los que se concentra la mayor parte de estas muertes. La mayoría de ellos sigue impune. 

 

El acoso. El abuso. Las violaciones. La inseguridad, son la tragedia que pinta de morado la vida de las mujeres en México. Aunado a todo ello están las faltas de oportunidades de trabajo, con calidad, en distintos espacios laborales, ya de gobierno o privados. 

 

Pero también es cierto que, paradójicamente, en muchos casos son mujeres posicionadas las que impiden el acceso a otras mujeres a los espacios de trabajo en las que ellas predominan. Y esto es también un agravio a la mujer hecho por mujeres. Y está también el menosprecio varonil al trabajo femenino; menor paga en relación con el sueldo que reciben los hombres por la misma carga y responsabilidad de trabajo. 

 

Y mucho más que está ahí, en el paisaje antes y después de 8-M. Es por esto y mucho más que las mujeres salieron a las calles. No todas ellas, pero si muchas que en el nombre de todas las mexicanas reclaman justicia, ley, cero impunidad, seguridad, políticas públicas ciertamente justas; no piden privilegios pero sí igualdad, justicia y respeto. 

 

Dentro de un año, el 8-M, volverán a salir las mujeres a conmemorar y a reclamar lo mismo. ¿Por cuánto tiempo? ¿Y por cuánto tiempo el gobierno federal hará oídos sordos a estos reclamos y exigencias justas y a tiempo para detener el daño que se causa a las mujeres? ¿Deveras llegaron todas las mujeres al poder en México?

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